María José Pizarro acusa a De la Espriella de atacar el legado de su padre

Imagen: infobae colombia
María José Pizarro elevó el tono contra Abelardo de la Espriella al acusarlo de querer borrar políticamente el legado de su padre, el excomandante del M-19 Carlos Pizarro. La exsenadora enmarcó su denuncia en las movilizaciones del día y advirtió que detrás de ese discurso hay una ofensiva contra la memoria histórica.
María José Pizarro volvió a poner la memoria de su padre en el centro del debate político al acusar a Abelardo de la Espriella de intentar “proscribir” su legado y de actuar, en la práctica, como quienes lo asesinaron. La exsenadora reaccionó así a un pronunciamiento del abogado y precandidato presidencial que, según ella, apunta a debilitar la figura de Carlos Pizarro, líder del M-19 y una de las voces más simbólicas de la transición política de comienzos de los años noventa.
Según informó Infobae Colombia, Pizarro conectó su denuncia con las movilizaciones registradas este día, al considerar que el mensaje político de De la Espriella no se limita a una disputa personal sino que hace parte de un ambiente más amplio de confrontación contra quienes reivindican la paz, la reconciliación y la memoria de las víctimas. Para la exsenadora, no se trata solo de una diferencia ideológica: detrás de ese tipo de ataques habría un intento por reescribir el relato sobre una de las figuras más reconocidas de la política colombiana reciente.
El choque es significativo porque revela hasta qué punto la disputa por el pasado sigue siendo una pelea del presente en Colombia. Carlos Pizarro, asesinado en 1990 cuando era candidato presidencial, se convirtió con los años en un símbolo incómodo para sectores que cuestionan la legitimidad de la izquierda armada desmovilizada y para quienes prefieren mantener una lectura dura del conflicto. Al ponerlo en el centro de una controversia actual, María José Pizarro no solo defiende la memoria familiar: también advierte que hay sectores dispuestos a convertir esa memoria en blanco político para movilizar a su base en medio de la campaña que se avecina.
El episodio deja ver una constante de la política colombiana: la memoria histórica no ha sido cerrada, sino que sigue siendo usada como arma de disputa electoral. Y en un país donde los símbolos pesan casi tanto como las propuestas, la forma en que se nombran —o se intentan borrar— figuras como Carlos Pizarro dice mucho sobre el tipo de país que están ofreciendo quienes aspiran a gobernarlo.


