Colombia

Caída de la paloma de la paz reaviva pulso político contra Petro

Hace 1 hora

La caída de la escultura 'La paloma de la paz', donada por Fernando Botero en 2016, reabrió una disputa política sobre el significado del símbolo de reconciliación con las Farc. Martín Santos aprovechó el episodio para lanzar una crítica directa al presidente Gustavo Petro.

La caída de 'la paloma de la paz', la escultura de Fernando Botero donada en septiembre de 2016 como un gesto de respaldo al proceso de reconciliación con las Farc, terminó convertida en un nuevo episodio de la pelea política en Colombia. Martín Santos, hijo del expresidente Juan Manuel Santos, ligó el hecho a una crítica contra Gustavo Petro y sugirió que el símbolo también fue golpeado por el rumbo del actual gobierno.

La obra, concebida como una pieza de memoria y apoyo al fin del conflicto armado, tenía un valor que iba mucho más allá de lo artístico. Su significado se ancló desde el inicio en la apuesta por cerrar una de las etapas más dolorosas del país, y por eso cualquier daño o deterioro alrededor de ella termina leído en clave política. En ese contexto, el comentario de Santos hijo no solo reaccionó al incidente material, sino que reabrió la discusión sobre quién está cuidando —o desgastando— el legado de paz construido tras los acuerdos de La Habana.

El episodio importa porque en Colombia los símbolos de la reconciliación nunca han sido neutrales. Desde la firma del acuerdo con las Farc, cada gesto, monumento o referencia al proceso ha sido usado como argumento en la disputa entre defensores y críticos del modelo de paz. La caída de la escultura, entonces, no quedó como una anécdota cultural: se convirtió en un reflejo de la fragilidad con la que el país sigue tratando sus emblemas de memoria, mientras la polarización convierte cualquier referencia al pasado reciente en munición política.

Más allá del cruce entre apellidos y banderas partidistas, el episodio deja una señal incómoda: los símbolos de reconciliación en Colombia siguen expuestos no solo al desgaste físico, sino también al desgaste del debate público. Y cuando una obra nacida para representar la paz termina atrapada en una nueva disputa, el mensaje de fondo es claro: el país todavía no resuelve si quiere conservar esos emblemas como memoria compartida o seguir usándolos como campo de batalla.

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