Costa Rica vacuna a más de 1.1 millones contra la influenza, pero sigue el hueco en riesgo

Imagen: infobae
Costa Rica ya inmunizó a más de 1.1 millones de personas contra la influenza estacional, lo que representa el 75% de la meta trazada por la Caja Costarricense de Seguro Social. Aun así, la cobertura sigue dejando un hueco en los grupos de riesgo, justo donde más puede golpear el virus.
Costa Rica avanza con paso firme en su campaña de vacunación contra la influenza estacional: más de 1.1 millones de personas ya recibieron la dosis, según informó infobae con base en datos de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS). Esa cifra equivale al 75% de la meta nacional y confirma que la estrategia de prevención ha logrado una cobertura importante antes de que el país entre de lleno en el tramo más sensible de la temporada respiratoria. Sin embargo, el balance no es del todo cómodo para las autoridades sanitarias, porque todavía persiste una brecha en la población de mayor vulnerabilidad, justamente la que más riesgo enfrenta de complicaciones graves, hospitalización e incluso muerte.
El dato central no es solo cuántas personas han sido vacunadas, sino quiénes siguen por fuera del alcance de la campaña. De acuerdo con la CCSS, el reto no está en la población que ya acudió a los centros de salud, sino en lograr que más personas con factores de riesgo completen el proceso: adultos mayores, pacientes con enfermedades crónicas, embarazadas y otros grupos priorizados por el sistema público. En un país como Costa Rica, donde la atención primaria tiene un papel decisivo y la red de la CCSS sostiene buena parte de la respuesta sanitaria, esas brechas no son menores. Cada rezago deja expuesta a una población que, por su condición médica o edad, puede convertir un cuadro de gripe común en una emergencia hospitalaria.
La cifra de 75% alcanzado debe leerse con cautela. Por un lado, muestra capacidad operativa y una respuesta social razonable frente a una campaña que exige logística, disponibilidad de dosis y acceso territorial. Por otro, evidencia que la inmunización nunca es solo una cuestión de oferta: también depende de confianza, información clara y del tiempo que las personas tienen para acercarse a vacunarse. En la práctica, eso significa que aún hay margen para evitar complicaciones antes de que aumente la circulación del virus. Y en salud pública, llegar tarde suele costar más que invertir a tiempo. La influenza estacional no suele ocupar los titulares como otras amenazas, pero cada año presiona consultas, servicios de urgencias y camas hospitalarias, especialmente cuando coincide con otros cuadros respiratorios.
Por eso, el cierre de esta brecha importa más allá de la estadística. Si la campaña logra empujar la cobertura en los grupos de riesgo, el sistema puede amortiguar parte del impacto sanitario y económico que dejan los picos de gripe estacional: menos ausentismo laboral, menos saturación en clínicas y menos familias enfrentando cuadros prevenibles. Si no lo consigue, la buena noticia de haber superado el millón de personas inmunizadas quedará a medias. El verdadero examen de la campaña no es solo llegar a la meta general, sino proteger primero a quienes menos margen tienen para resistir una infección que, en apariencia menor, sigue cobrando factura cada temporada.



