Más de 48.000 menores fueron afectados por el conflicto en Colombia

Imagen: infobae colombia
Más de 48.000 niños, niñas y adolescentes resultaron afectados por el conflicto armado en Colombia durante el primer semestre de 2026, según COALICO. Cauca, Antioquia, Norte de Santander, Nariño y Valle del Cauca concentraron buena parte de los casos documentados.
El conflicto armado en Colombia volvió a golpear con fuerza a la niñez y la adolescencia: más de 48.000 menores fueron afectados en el primer semestre de 2026, de acuerdo con el monitoreo divulgado por la Coalición contra la Vinculación de Niños, Niñas y Jóvenes al Conflicto Armado en Colombia (COALICO). La cifra da cuenta de un deterioro persistente de la seguridad en varias regiones del país y confirma que los menores siguen siendo una de las poblaciones más expuestas a la violencia territorial.
Según la información recogida por la organización, los departamentos de Cauca, Antioquia, Norte de Santander, Nariño y Valle del Cauca concentraron buena parte de las afectaciones registradas. Allí se documentaron hechos asociados al desplazamiento forzado, el reclutamiento y utilización de menores, además de ataques contra bienes civiles, un patrón que muestra que la guerra no solo impacta directamente a las familias sino también a las escuelas, comunidades y entornos donde los niños deberían estar protegidos.
El dato no es menor ni aislado. Estas regiones ya venían arrastrando una alta exposición a dinámicas armadas por la disputa entre grupos ilegales, economías ilícitas y control de corredores estratégicos. En ese escenario, los menores quedan atrapados entre confinamientos, amenazas, interrupción escolar y riesgo de ser incorporados a estructuras criminales. Por eso, más allá de la estadística, lo que revela este balance es la incapacidad del Estado para blindar de forma efectiva a la población infantil en los territorios más críticos, justo cuando la promesa de paz debería traducirse en menos violencia y no en nuevos ciclos de victimización.
La magnitud de estas afectaciones también obliga a mirar el impacto de fondo: cada desplazamiento rompe rutinas escolares, aumenta la deserción y profundiza la pobreza en hogares ya vulnerables; cada ataque a bienes civiles destruye la confianza en la institucionalidad; y cada reclutamiento o intento de vinculación deja cicatrices de largo plazo. Si la tendencia se mantiene, el segundo semestre podría volver a exhibir un saldo preocupante para una generación que sigue creciendo en medio de la guerra.



