Medicamentos más caros para el bolsillo: crecen 24,3 % las compras directas por fallas de las EPS

Imagen: infobae colombia
En Colombia, cada vez más pacientes están pagando de su bolsillo los medicamentos que el sistema de salud no les entrega a tiempo. Un informe de ASINFAR reveló que las compras directas en farmacias subieron 24,3 % por fallas de las EPS.
El golpe más visible de la crisis en la entrega de medicamentos ya no está solo en las filas, sino en la billetera: cada vez más colombianos están pagando de manera directa por tratamientos que el sistema de salud no logra suministrarles a tiempo. Según un informe de la Asociación de Industrias Farmacéuticas en Colombia (ASINFAR), las compras en farmacias por parte de pacientes que no reciben sus fórmulas oportunamente aumentaron 24,3 %, una señal clara de que las fallas de las EPS están trasladando costos al hogar.
La cifra no es menor porque habla de un problema que se ha vuelto cotidiano para miles de familias: salir de una consulta con la orden médica en la mano y, aun así, tener que resolver por su cuenta la compra de medicamentos esenciales. De acuerdo con lo divulgado por infobae colombia, el estudio de ASINFAR indica que la presión sobre los usuarios crece cuando el acceso institucional falla, especialmente en tratamientos continuos, fórmulas de alto costo o medicamentos que no pueden esperar semanas por autorizaciones, dispensación o entregas atrasadas. En la práctica, eso significa que el sistema termina empujando a los pacientes a asumir un gasto que no estaba previsto y que, para muchos hogares, compite con el mercado, el arriendo o el transporte.
Este dato importa porque revela algo más profundo que un simple retraso logístico. Cuando una EPS no entrega a tiempo, el problema deja de ser administrativo y se convierte en un riesgo sanitario y económico. Un paciente que no consigue un antihipertensivo, un antidiabético o un medicamento para una enfermedad crónica puede empeorar su condición, terminar en urgencias o interrumpir su tratamiento. Y cuando eso ocurre, el costo final para el sistema suele ser mayor que el de haber entregado el medicamento desde el principio. Además, la subida del 24,3 % en compras directas sugiere que la red de protección está fallando donde debería ser más básica: en garantizar continuidad terapéutica. Para Colombia, esto no solo desgasta la confianza en las EPS y en la capacidad de respuesta del sistema, sino que también amplía la desigualdad, porque quien tiene dinero resuelve; quien no, simplemente espera.
El fenómeno también deja una pregunta de fondo sobre el rumbo de la salud pública en el país: si más pacientes están recurriendo a sus propios recursos para cubrir vacíos del sistema, ¿cuánto tiempo puede sostenerse esa transferencia silenciosa de costos hacia la ciudadanía? En una economía golpeada por el encarecimiento de la vida, pagar medicamentos por fuera no es una solución temporal para todos, sino una carga adicional que puede empujar a muchas familias a endeudarse o a abandonar tratamientos. Por eso, la alerta de ASINFAR no solo describe una estadística: retrata una falla estructural que impacta directamente la vida diaria de los colombianos.



