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El Campín y la final femenina: Sencia se defiende en medio de la polémica

Hace 5 horas

La disputa por El Campín sumó un nuevo capítulo: Sencia salió a defenderse tras la crítica por la no disponibilidad del estadio para la final del fútbol femenino. El caso reaviva el choque entre agenda cultural y deporte en Bogotá.

La polémica por el uso de El Campín volvió a encenderse después de que Sencia, la empresa administradora del estadio, saliera a explicar por qué el escenario no estaría disponible para la final de la Liga Femenina. El nuevo comunicado llegó en medio del malestar de hinchas, clubes y sectores del deporte, que ven en esta decisión un síntoma de cómo Bogotá sigue resolviendo a última hora conflictos que deberían planearse con meses de anticipación.

Según informó www.colombia.com/deportes, la controversia se agudizó por la coincidencia entre la definición del torneo femenino y el concierto de BTS, un evento que obligó a reajustar la agenda del estadio y dejó en evidencia la fragilidad de la coordinación entre los intereses comerciales del escenario y las necesidades competitivas del fútbol. Sencia defendió su gestión argumentando que la programación responde a procesos previos de reserva y a compromisos adquiridos con suficiente anticipación, una explicación que busca bajar la presión pública pero que, en la práctica, no ha logrado desactivar las críticas.

Más allá del cruce puntual, el caso revela un problema de fondo: la falta de prioridad histórica que ha tenido el fútbol femenino en la planificación deportiva del país. Cuando una final termina compitiendo por espacio con un concierto internacional, el mensaje que recibe la audiencia es incómodo y claro: todavía existe una jerarquía en la que el espectáculo masivo puede imponerse sobre una competencia que lucha por consolidarse. Y eso importa, no solo por la visibilidad de las jugadoras, sino porque cada obstáculo logístico termina afectando taquilla, transmisión, asistencia y la construcción de una liga con respaldo real.

Lo que está en juego ya no es únicamente una fecha o un escenario. El debate apunta a quién decide cómo se usan los principales espacios deportivos de Bogotá y con qué criterios se protege el crecimiento del fútbol femenino. Si las autoridades y los administradores del estadio no corrigen este tipo de tensiones con reglas claras y calendarios blindados, la discusión se repetirá una y otra vez: un país que celebra el deporte femenino, pero aún no lo trata como prioridad cuando toca reservar la casa donde se juega la final.

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