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México presume empleo bajo en la OCDE, pero el reto sigue siendo la calidad del trabajo

Hace 1 hora
México presume empleo bajo en la OCDE, pero el reto sigue siendo la calidad del trabajo

Imagen: infobae

México cerró el periodo con la segunda tasa de desempleo más baja entre los países de la OCDE, solo detrás de Japón, un dato que Claudia Sheinbaum usó para subrayar avances económicos en su primer año de gobierno. El indicador refuerza una narrativa de estabilidad laboral, aunque no resuelve por sí solo los problemas de salarios y calidad del empleo.

México aparece hoy en una posición llamativa dentro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos: registra la segunda tasa de desempleo más baja entre sus miembros y solo queda por debajo de Japón, de acuerdo con la información difundida por infobae. El dato llega en un momento políticamente conveniente para Claudia Sheinbaum, quien aprovechó su primer año de gobierno para poner en vitrina los avances económicos de su administración. En un país donde el empleo suele ser el termómetro más sensible del malestar social, la cifra opera como respaldo político y como argumento para defender la continuidad del rumbo económico.

El indicador tiene peso porque la OCDE compara a economías con realidades muy distintas y, aun así, México figura en el tramo más bajo del desempleo abierto. Eso sugiere que el mercado laboral sigue absorbiendo población en edad de trabajar, incluso bajo un contexto internacional de desaceleración, tensiones comerciales y presiones inflacionarias que han afectado a otras economías. Sin embargo, la lectura no puede quedarse en la foto del desempleo. En México, como ha ocurrido durante años, la discusión de fondo no es solo cuántas personas consiguen trabajo, sino en qué condiciones lo hacen: informalidad, bajos salarios, jornadas extensas y poca protección social siguen marcando la experiencia laboral de millones.

Por eso, el dato debe leerse con cautela y con contexto. Tener una tasa baja de desempleo no equivale automáticamente a tener un mercado laboral sano o una economía equitativa. De hecho, en muchas ocasiones el empleo crece por la vía de la informalidad o de puestos con escasa estabilidad, mientras el ingreso real de los hogares avanza más lento de lo que la narrativa oficial quisiera admitir. Sheinbaum necesita precisamente ese equilibrio: mostrar resultados macroeconómicos sin ignorar que la ciudadanía juzga la economía por la capacidad de llegar a fin de mes, no por el lenguaje técnico de los organismos internacionales. Si la administración logra convertir esa baja desocupación en mejores salarios y empleos formales, el dato de la OCDE será algo más que una cifra favorable: podría convertirse en una base política para sostener su proyecto en un sexenio que apenas comienza.

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