Estados Unidos

Miami prohibirá bicicletas y monopatines eléctricos en las aceras desde noviembre

Hace 5 horas

Miami pondrá en marcha en noviembre una ordenanza que saca a bicicletas y monopatines eléctricos de las aceras. Quienes incumplan deberán moverse por ciclovías o vías autorizadas y respetar un límite de 32 km/h, bajo riesgo de multa.

Miami cerrará una de las discusiones más visibles sobre movilidad urbana con una medida que, desde comienzos de noviembre, prohibirá circular en las aceras a bicicletas y monopatines eléctricos. La ciudad obligará a estos vehículos a transitar por ciclovías o por vías habilitadas para ello, en un cambio que busca ordenar el espacio público, reducir conflictos con peatones y fijar reglas más claras en medio del auge de estos medios de transporte.

Según informó infobae estados unidos, la ordenanza municipal también establece una velocidad máxima de 32 kilómetros por hora para este tipo de vehículos. En la práctica, eso significa que los usuarios deberán ajustar su recorrido a corredores permitidos y no podrán seguir usando las aceras como atajo para evitar el tráfico. Aunque la norma apunta a mejorar la seguridad, también abre interrogantes sobre su aplicación real en una ciudad donde la infraestructura ciclista no siempre crece al mismo ritmo que la demanda de movilidad alternativa.

La decisión de Miami responde a un problema que se repite en varias urbes de Estados Unidos: el choque entre la expansión de los vehículos eléctricos livianos y la falta de reglas uniformes para convivir con peatones, automovilistas y ciclistas tradicionales. Cuando las aceras se convierten en zona de paso para monopatines y bicicletas, el resultado suele ser previsible: riesgo para adultos mayores, familias con niños y personas con movilidad reducida, además de una sensación general de desorden urbano. Por eso la nueva ordenanza no solo regula un medio de transporte; también intenta marcar límites sobre quién tiene prioridad en el espacio público.

El efecto inmediato de la medida dependerá de dos factores: la capacidad del municipio para hacerla cumplir y la claridad con que comunique dónde sí se puede circular. Si la ciudad acompaña la prohibición con señalización, controles y alternativas reales de movilidad, la norma podría traducirse en una convivencia más segura. Si no, corre el riesgo de convertirse en otra disposición difícil de aplicar, mientras los usuarios cargan con la multa y la ciudad sigue debatiendo cómo adaptar sus calles al futuro del transporte urbano.

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