Miguel Ángel del Río denunciará falso comunicado del ELN sobre supuesto apoyo a Iván Cepeda
Imagen: infobae colombia
Miguel Ángel del Río anunció acciones legales tras la difusión de un supuesto comunicado del ELN que respaldaría a Iván Cepeda. El abogado calificó el documento como una infamia y dijo que busca desinformar en plena campaña electoral.
Miguel Ángel del Río anunció que acudirá a instancias legales por la difusión de un supuesto comunicado del ELN que, según circula en redes sociales, respaldaría al candidato presidencial Iván Cepeda. El abogado, cercano a la campaña del aspirante, negó de forma tajante la autenticidad del documento y sostuvo que se trata de una maniobra fabricada para contaminar el debate político con información falsa en un momento especialmente sensible de la contienda.
De acuerdo con lo que el propio del Río ha planteado, el contenido viral no solo carece de veracidad sino que también intenta introducir ruido en un escenario electoral ya marcado por la polarización, la sospecha y la velocidad con la que se propagan rumores en plataformas digitales. Su reacción apunta a frenar la circulación del material y a dejar constancia de que, desde su perspectiva, el documento no corresponde a ninguna posición legítima del grupo armado, sino a una pieza de desinformación diseñada para influir en la percepción pública.
El episodio no es menor. En Colombia, los mensajes atribuidos a actores armados ilegales tienen un enorme poder de daño porque se insertan en una memoria colectiva atravesada por décadas de conflicto, miedo y manipulación política. Cuando un contenido de ese tipo aparece asociado a un nombre de alto perfil como Iván Cepeda, el impacto se multiplica: no solo puede afectar la reputación del candidato, sino también alimentar narrativas que buscan erosionar la confianza ciudadana en la campaña, en los medios y en las instituciones encargadas de verificar la información. Por eso el anuncio de acciones legales no debe leerse únicamente como una respuesta defensiva, sino como una señal de alarma sobre el uso cada vez más sofisticado de la desinformación como herramienta electoral.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una discusión que Colombia viene arrastrando desde hace años: cómo enfrentar la circulación de contenidos falsos sin que la opinión pública termine atrapada entre la propaganda, la manipulación y la incredulidad generalizada. En época electoral, un comunicado falso puede hacer tanto daño como una acusación formal, porque siembra dudas antes de que existan pruebas y obliga a los protagonistas a gastar tiempo y credibilidad en desmentidos. En ese terreno, la pelea ya no es solo por ganar votos, sino por defender la verdad mínima sobre la que debería sostenerse cualquier elección.


