Observación internacional ve un país fracturado y exige a De la Espriella tender puentes

Imagen: infobae colombia
La misión de observación internacional concluyó que la segunda vuelta dejó a Colombia políticamente partida en dos y con un nuevo gobierno que arrancará con poco margen para equivocarse. Desde el Instituto Republicano Internacional advirtieron que el gran reto de Abelardo de la Espriella será tender puentes y abrir una conversación real con el país.
La lectura que dejó la misión de observación internacional tras la segunda vuelta es tan incómoda como clara: Colombia quedó partida, con un resultado que refleja más la fuerza de los bloques enfrentados que una sensación de consenso alrededor del nuevo presidente. Según informó infobae colombia, el balance fue descrito como “bastante dividido”, una expresión que resume el tono de una elección en la que la victoria no alcanza por sí sola para resolver la fractura política que atraviesa al país.
Desde el Instituto Republicano Internacional, una de las voces que hizo seguimiento al proceso, advirtieron que el principal desafío de Abelardo de la Espriella no será únicamente gobernar, sino encontrar la manera de construir una interlocución mínima con sectores que hoy desconfían del nuevo mandato. En otras palabras, el problema no empieza en el Palacio de Nariño ni en la instalación del gabinete: empieza en la calle, en un electorado que votó con alta carga emocional, con expectativas opuestas y con una desconfianza creciente hacia la política tradicional. Ese tipo de escenarios suele dejar presidentes con respaldo formal, pero con legitimidad social en disputa.
El mensaje de la misión importa porque pone el foco donde normalmente se evita mirar: en la gobernabilidad. En países polarizados, ganar elecciones no equivale a gobernar con tranquilidad. La experiencia regional muestra que cuando un presidente asume con el país dividido, cada reforma se vuelve una negociación cuesta arriba, cada nombramiento se interpreta como una señal de exclusión y cada decisión termina filtrada por la lógica del choque. Por eso la advertencia de que De la Espriella debe “agrupar al país para dialogar”, como señalaron desde el Instituto Republicano Internacional, no suena a cortesía diplomática sino a condición básica para evitar que el mandato arranque atrapado en la confrontación.
Ese será, en adelante, el verdadero termómetro político: si el nuevo gobierno logra pasar de la victoria electoral a la construcción de acuerdos mínimos con oposición, sectores sociales, empresarios, autoridades territoriales y ciudadanía desconfiada. La segunda vuelta entregó un presidente electo; ahora viene la parte más difícil, que es demostrar que la gobernabilidad no depende solo de los votos que se obtienen en las urnas, sino de la capacidad de escuchar a un país que, por ahora, sigue hablando en dos tonos distintos y mirando al poder con sospecha.




