Mouliaá vuelve a eludir al juez en la querella de Errejón y crece la tensión procesal

Imagen: infobae
Elisa Mouliaá no acudirá el lunes a declarar en la causa por presuntas calumnias que le abrió Íñigo Errejón, alegando que trabaja en Oriente Medio y que sus comunicaciones son limitadas. El juez, sin embargo, ha rechazado aplazar la cita y ve en sus maniobras una estrategia para dilatar el proceso.
Elisa Mouliaá ha vuelto a situarse en el centro del pulso judicial con Íñigo Errejón al anunciar que no comparecerá el próximo lunes ante el juez Arturo Zamarriego. La actriz sostiene que se encuentra trabajando bajo un contrato internacional firmado antes de que se fijara la cita, con desplazamientos entre Dubái y varias zonas del mar Rojo, una dinámica que, según explica, le deja con comunicaciones muy limitadas o directamente imposibles. La consecuencia inmediata es que la declaración vuelve a posponerse en una causa que ya venía acumulando aplazamientos, recusaciones y tensión mediática en torno a una investigación que ha crecido a la sombra del caso principal contra el exdiputado de Sumar.
De acuerdo con la información conocida este viernes, Mouliaá comunicó en su cuenta de X que no asistirá a la citación porque su actividad profesional en el extranjero le impide regresar en la fecha prevista. El juez, en cambio, ha cerrado la puerta a suspender la comparecencia y también a apartarse del procedimiento, al considerar que la petición de la actriz se inscribe en una secuencia de actuaciones destinadas a evitar que declare. En su resolución, a la que tuvo acceso Europa Press, Zamarriego sostiene que la querellada viene desplegando una táctica para no sentarse ante el magistrado instructor y que sus intentos de frenar el avance del caso carecen de base legal suficiente. El propio auto recuerda que ya hubo una suspensión anterior el 27 de marzo, que el 26 de abril un forense la examinó en su domicilio y concluyó que estaba en condiciones de testificar, y que en la última fecha señalada, el 24 de abril, tampoco acudió alegando un cuadro ansioso-depresivo que, según entonces informó su defensa, le impedía declarar.
Este conflicto no puede leerse solo como una disputa personal o una pelea de declaraciones cruzadas. Lo que está en juego es la credibilidad de una causa derivada de una investigación mucho más sensible: la que examina un presunto delito de agresión sexual atribuido a Errejón y en la que Mouliaá figura como denunciante. La querella del exdiputado llegó después de que la actriz lo acusara en televisión de presionar a dos testigos que comparecieron en ese expediente. Desde entonces, el procedimiento paralelo se ha convertido en un campo de batalla donde cada movimiento procesal tiene lectura política, mediática y jurídica. Para el juzgado, además, la reiteración de ausencias erosiona la idea de colaboración con la justicia; para la actriz, en cambio, la prioridad parece estar en no perder el foco sobre la causa de fondo mientras espera una decisión de la Audiencia Provincial de Madrid sobre si finalmente habrá juicio contra Errejón por presunto abuso sexual.
La tensión de fondo deja una lección incómoda sobre la judicialización del debate público en España: cuando los casos se multiplican en juzgados, platós y redes sociales, la frontera entre la búsqueda de verdad y la guerra de desgaste se vuelve cada vez más difusa. Y en ese terreno, la demora no solo afecta a las partes implicadas. También deteriora la percepción ciudadana sobre la capacidad del sistema para ordenar con rapidez y claridad asuntos que, por su gravedad, exigen menos ruido y más respuestas.




