Murió Daniela Largo, rescatada tras 36 horas bajo los escombros en Colombia

Imagen: BBC Mundo
Daniela Largo Sánchez, la mujer que había sido rescatada tras permanecer 36 horas atrapada bajo los escombros por el terremoto en Colombia, murió la noche del viernes por complicaciones médicas, confirmó su padre. Su caso vuelve a poner el foco en el costo humano de los desastres y en la fragilidad de la atención de emergencia.
Daniela Largo Sánchez, la mujer que había sobrevivido al terremoto en Colombia después de pasar 36 horas atrapada bajo los escombros, murió la noche del viernes 14 de agosto a causa de complicaciones médicas, según confirmó su padre. La noticia cierra de la peor manera una historia que ya había conmovido al país: la de una víctima que logró salir con vida de una tragedia, pero que no pudo superar las secuelas del siniestro y del tiempo que permaneció inmovilizada entre los restos de una estructura colapsada.
De acuerdo con lo informado por BBC Mundo, Daniela fue rescatada después de permanecer un día y medio atrapada, en una operación que había generado esperanza entre familiares, rescatistas y comunidades que siguieron el caso con atención. Su muerte, confirmada por su padre, deja en evidencia que en los desastres naturales no termina todo cuando cesa el movimiento de tierra o cuando una persona es hallada con vida: las complicaciones posteriores, desde lesiones internas hasta infecciones o fallas orgánicas, pueden ser igual de letales. Ese es un recordatorio duro para cualquier sistema de atención de emergencias, especialmente en países como Colombia, donde la respuesta ante tragedias naturales depende muchas veces de recursos limitados, coordinación local y la rapidez con la que se logra trasladar a los heridos a centros médicos capaces de atenderlos.
El caso de Daniela también obliga a mirar el problema más amplio: la vulnerabilidad de miles de personas que viven en zonas expuestas a sismos, deslizamientos y otras emergencias en América Latina. En Colombia, donde varias regiones conviven con riesgo sísmico, cada tragedia reabre la discusión sobre prevención, infraestructura segura, planes de evacuación y capacidad hospitalaria. No se trata solo de rescatar a quienes quedan atrapados; se trata de evitar que la catástrofe continúe después del rescate. Y ahí es donde muchas veces fallan los Estados: en la atención oportuna, en la disponibilidad de unidades de trauma, en el seguimiento médico y en la protección de quienes logran sobrevivir al impacto inicial.
La muerte de Daniela Largo Sánchez deja, además, una carga emocional que trasciende el caso individual. Su historia había sido leída como una de resistencia frente a la destrucción, pero terminó convirtiéndose en una advertencia sobre lo que significa realmente sobrevivir a una emergencia de esta magnitud. En sociedades acostumbradas a medir el saldo de una tragedia por cifras de muertos y heridos, casos como este recuerdan que el costo humano también se prolonga en los días y semanas posteriores. Y que, en muchas ocasiones, la batalla más difícil comienza justo cuando parece que la vida ha sido salvada.

