Murió Antonio Navarro Wolff, figura clave de la transición política colombiana
Imagen: El Tiempo - Política
Antonio Navarro Wolff, exconstituyente, exguerrillero del M-19 y exministro de Salud, murió a los 78 años. Su trayectoria resume una transición clave de la violencia a la política en Colombia y deja un vacío en la historia democrática reciente.
Antonio Navarro Wolff murió a los 78 años y con él se cierra una de las biografías más representativas de la transformación política colombiana de las últimas décadas. Exconstituyente, exministro de Salud y figura central de la desmovilización del M-19, Navarro fue uno de esos nombres que ayudaron a traducir un país marcado por la guerra en una conversación institucional.
Según informó El Tiempo - Política, la noticia revive además la entrevista que concedió a la revista BOCAS, en la que explicó por qué dejó las armas para entrar de lleno en la política. Ese giro personal no fue menor: Navarro fue parte de una generación que pasó de la confrontación armada a la disputa democrática, una transición que marcó el rumbo de la Colombia contemporánea y que todavía sirve para entender las tensiones entre paz, reconciliación y poder.
Su muerte importa no solo por el peso simbólico de su figura, sino porque obliga a mirar de nuevo el papel de quienes, tras abandonar la insurgencia, terminaron participando en la construcción institucional del país. Navarro fue más que un exguerrillero conocido: fue un actor de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 y un funcionario que luego ocupó cargos de responsabilidad en el Estado. En un país donde la violencia suele imponerse sobre la política, su trayectoria representó la apuesta por disputar el futuro desde las reglas democráticas y no desde las armas.
El vacío que deja también es político. En tiempos en que Colombia sigue discutiendo cómo cerrar ciclos de conflicto y cómo integrar a antiguos actores armados a la vida pública, figuras como Navarro suelen adquirir una dimensión histórica que va más allá del homenaje. Su vida resumió una paradoja colombiana: la de quienes nacieron en la insurgencia, pero terminaron ayudando a escribir una nueva institucionalidad. Por eso su muerte no solo cierra una etapa personal; también obliga a preguntarse cuánto de esa transición quedó consolidado y cuánto sigue siendo una tarea pendiente.



