Mundo

Myanmar se hunde en una guerra de drones dominada por la junta militar

Hace 3 horas
Myanmar se hunde en una guerra de drones dominada por la junta militar

Imagen: El País

Myanmar vive una guerra cada vez más dominada por drones: la junta militar concentra el 70% de los ataques con estas armas, según El País. El conflicto, nacido del golpe de 2021, se ha convertido en una prueba de resistencia para una oposición fragmentada y dispersa en múltiples frentes.

Myanmar se ha convertido en uno de los escenarios más intensos del mundo para la guerra con drones, y la asimetría del conflicto es brutal: la junta militar surgida del golpe de Estado de 2021 estaría ejecutando siete de cada diez ataques con estas aeronaves, de acuerdo con El País. En un país donde la guerra se ha extendido más allá de los frentes tradicionales, los drones ya no son un complemento táctico sino una herramienta central para sostener el control territorial y golpear a una oposición atomizada.

La magnitud del dato revela algo más profundo que una simple innovación militar. La dictadura birmana ha convertido la tecnología barata y de fácil despliegue en un multiplicador de fuerza frente a grupos armados dispersos, muchos de ellos sin coordinación plena entre sí. Esa fragmentación opositora, producto de décadas de resistencia étnica y política, dificulta una respuesta unificada frente a una maquinaria estatal que, aunque debilitada en tierra, ha encontrado en el combate aéreo remoto una forma de compensar sus límites.

Este giro tiene implicaciones que van mucho más allá de Myanmar. La guerra con drones se ha expandido en conflictos de baja y media intensidad porque reduce costos, minimiza la exposición de tropas y permite atacar con rapidez en territorios difíciles de controlar. Pero también abarata la violencia, la vuelve más permanente y castiga sobre todo a las poblaciones civiles que quedan atrapadas entre bombardeos, desplazamientos y represalias. En Myanmar, donde el Estado perdió legitimidad tras el golpe y la insurgencia se multiplicó en decenas de grupos, la tecnología no ha acercado una salida: ha profundizado la guerra.

Lo que ocurre allí sirve de advertencia para otros conflictos del siglo XXI. Cuando un ejército o una junta logra imponerse tecnológicamente sin resolver su crisis política, la guerra se alarga y se fragmenta todavía más. Myanmar no solo enfrenta una batalla por el territorio, sino una disputa por el futuro del poder en una era en la que los drones están redefiniendo quién puede matar, desde dónde y con qué nivel de impunidad.

Noticias relacionadas