Narbona niega haber impulsado a Leire Díez y se desmarca del caso Koldo

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Cristina Narbona negó en el Senado haber favorecido a Leire Díez en su carrera y rechazó haber sido su “madrina” en el PSOE. La comparecencia reaviva el foco sobre el caso Koldo y las ramificaciones políticas de la investigación.
Cristina Narbona cerró este miércoles de un portazo cualquier sospecha de haber impulsado la trayectoria profesional de Leire Díez, la exmilitante socialista investigada en el marco del caso Koldo. Durante su comparecencia ante la comisión de investigación del Senado, la presidenta del PSOE negó haber actuado como su “madrina” dentro del partido y también descartó haber intervenido para favorecerla en empresas públicas como Correos, una aclaración que llega en un momento de máxima presión política para el socialismo español.
La dirigente explicó que conoció a Díez en 2017, cuando esta se desempeñaba como responsable de comunicación del PSOE de Cantabria, y que coincidieron en varias ocasiones en Santander. Sin embargo, matizó que esa relación no puede equipararse a una amistad consolidada ni mucho menos a un vínculo de padrinazgo político. Al responder a las preguntas de la senadora de UPN, Narbona insistió en que su trato con Díez fue de simple conocimiento personal y que cualquier interpretación sobre supuestas gestiones para beneficiarla profesionalmente está “fuera de lugar”, según dejó claro en la sesión.
El trasfondo de su declaración no es menor. Leire Díez aparece bajo la lupa judicial en una causa que ya golpea al núcleo político y orgánico del PSOE, y en la que también figura Santos Cerdán, exsecretario de Organización del partido, a quien un juez señala como presunto cabecilla de maniobras para intentar desactivar investigaciones incómodas para el Gobierno y para la propia formación. Narbona evitó entrar a calificar a Díez como una supuesta “fontanera” socialista, amparándose en la presunción de inocencia, pero sí admitió que el contenido de los informes de la UCO le genera preocupación. Ese equilibrio entre prudencia jurídica y alarma política refleja bien el momento: el PSOE intenta contener el daño mientras el caso sigue abriéndose paso en los tribunales y en el debate público.
Narbona también defendió la presunción de inocencia de Cerdán, aunque reconoció que la confianza en estos casos se erosiona a medida que aparecen nuevos indicios. Ese matiz es clave: el partido no puede permitirse parecer indiferente ante las sospechas, pero tampoco asumir como ciertos hechos que aún están bajo investigación. En términos políticos, el episodio vuelve a mostrar cómo el caso Koldo ya no se limita a contratos o intermediaciones, sino que amenaza con proyectarse sobre las estructuras de poder del PSOE y sobre la credibilidad de sus principales dirigentes. Para la opinión pública, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: hasta dónde llega la responsabilidad política cuando las sombras de una investigación comienzan a tocar a quienes están más cerca del poder.




