Nepal y China enfrentan una tragedia mayor: 633 muertos y casi 3.000 desaparecidos
La riada que golpeó Nepal y el Tíbet ya deja 633 muertos y casi 3.000 desaparecidos, mientras sigue la búsqueda entre carreteras y puentes arrasados. Dos de los tres españoles reportados como perdidos fueron localizados, aunque continúa la incertidumbre por el tercero.
El balance de la riada que devastó Nepal y la región china del Tíbet siguió empeorando este sábado y ya deja al menos 633 muertos y 2.980 personas desaparecidas, en una de las emergencias más graves de los últimos años en esa franja fronteriza del Himalaya. La tragedia, provocada por el colapso de una gran masa de hielo en un glaciar nepalí, arrasó comunidades enteras, destruyó infraestructura clave y dejó a miles de familias sin noticias de sus allegados mientras continúan las labores de rescate en condiciones extremadamente difíciles.
En Nepal, la Autoridad Nacional para la Reducción y Gestión del Riesgo de Desastres elevó a 626 los cuerpos recuperados, por encima del recuento previo de la Policía, que ubicaba la cifra en 616. China, por su parte, mantiene en siete el número de fallecidos en Gyirong, el punto más golpeado del lado tibetano. La diferencia entre los datos oficiales de ambos países refleja también la falta de un mecanismo transfronterizo unificado para consolidar la información, algo que suele complicar la evaluación real de este tipo de catástrofes cuando el desastre cruza fronteras y corta por completo la comunicación terrestre.
La emergencia tiene además un componente internacional: la Junta de Turismo de Nepal informó que dos de los tres españoles reportados como desaparecidos ya fueron localizados. Siguen en contacto con las autoridades, aunque no han sido rescatados, según la última actualización del listado oficial de extranjeros afectados. Mientras tanto, equipos de búsqueda en ambos países avanzan entre carreteras destruidas, puentes colapsados y zonas aisladas por toneladas de lodo y rocas. En Gyirong, los primeros rescatistas profesionales apenas lograron entrar por tierra al área central del desastre el viernes, después de que el paso fronterizo quedara prácticamente borrado del mapa.
Más allá del dato inmediato, esta tragedia vuelve a mostrar la vulnerabilidad del Himalaya frente al deshielo acelerado y los fenómenos extremos asociados al cambio climático. Nepal, uno de los países más expuestos a aludes, inundaciones y deslizamientos, enfrenta ahora no solo una crisis humanitaria, sino también un problema estructural: comunidades asentadas en corredores montañosos cada vez más frágiles y con menos margen de respuesta. En el lado chino, las autoridades siguen vigilando una represa natural formada por lodo y piedras, aunque expertos citados por medios estatales consideran que el flujo del agua ya se estabilizó y que el riesgo de una ruptura súbita ha disminuido. Aun así, el escenario sigue abierto, con miles de personas sin ubicar y con una región entera tratando de dimensionar una catástrofe que dejó al descubierto la velocidad con la que el clima puede convertir un glaciar en una emergencia transnacional.




