Colombia

Atropello en la calle 30 reaviva crisis por puente del INEM en Soledad

Hace 1 hora

El atropello de un niño en la calle 30 volvió a poner bajo la lupa el puente peatonal del INEM, sellado desde hace meses por su riesgo estructural. La alcaldesa de Soledad dice que ya pidió más de siete veces una intervención de fondo y exige respuestas urgentes.

El atropello de un niño en la calle 30 reactivó una alarma que las autoridades de Soledad vienen encendiendo desde hace tiempo: el puente peatonal del INEM, hoy sellado por riesgo, sigue sin una solución estructural pese a los llamados reiterados de la administración municipal. El caso dejó en evidencia que el problema ya no es solo técnico ni administrativo, sino de seguridad pública, con consecuencias directas para quienes a diario cruzan este corredor vial de alto tráfico.

De acuerdo con lo informado por El Tiempo (Colombia), la alcaldesa de Soledad aseguró que la Alcaldía ha solicitado más de siete veces una intervención de fondo para el puente, ubicado en uno de los puntos más transitados y sensibles del sector. El paso peatonal permanece cerrado precisamente por el peligro que representa, pero esa medida, aunque necesaria, no resuelve la urgencia de miles de personas que necesitan atravesar la vía con seguridad. En un entorno donde la movilidad peatonal ya es frágil, un cierre prolongado termina trasladando el riesgo a la calle, donde peatones, motocicletas, buses y vehículos particulares compiten por el mismo espacio.

Lo ocurrido vuelve a mostrar un patrón conocido en varias ciudades del país: la infraestructura envejece, las alertas se acumulan y la respuesta institucional suele llegar tarde, muchas veces después de un accidente. En este caso, el puente del INEM no solo es una estructura deteriorada; también es un símbolo de la brecha entre las advertencias oficiales y la acción efectiva. Cuando una alcaldía insiste repetidamente en una solución y esta no se materializa, la discusión deja de ser sobre mantenimiento y pasa a ser sobre responsabilidad. ¿Quién asume las consecuencias si el siguiente incidente es más grave? Esa pregunta pesa hoy sobre las autoridades competentes.

Más allá de este episodio puntual, el debate toca una realidad de fondo en Soledad y en buena parte del área metropolitana de Barranquilla: la falta de infraestructura peatonal segura obliga a la gente a exponerse en entornos pensados casi exclusivamente para vehículos. Para un niño, un adulto mayor o una persona con movilidad reducida, cruzar una avenida sin un puente funcional puede convertirse en una apuesta peligrosa. Por eso la exigencia de la alcaldesa no es solo un reclamo político; es una petición de prevención básica. Si el puente sigue cerrado y no hay una obra de fondo, la calle 30 continuará siendo un punto de riesgo, y cada día sin intervención aumenta la posibilidad de una nueva tragedia.

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