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La hora de cenar sí importa: lo que dice la ciencia sobre el reloj biológico

Hace 2 horas
La hora de cenar sí importa: lo que dice la ciencia sobre el reloj biológico

Imagen: BBC Mundo

El reloj biológico no solo regula el sueño: también condiciona cómo el cuerpo procesa lo que comemos. La ciencia apunta a que cenar demasiado tarde puede jugar en contra del metabolismo y de la salud en general.

La hora de la cena importa más de lo que solemos admitir. La evidencia científica más reciente sugiere que el cuerpo humano no procesa igual los alimentos a cualquier momento del día, porque el ritmo circadiano —ese reloj interno que regula sueño, hormonas y temperatura corporal— también influye en el metabolismo. En otras palabras: no solo importa qué comemos, sino cuándo lo comemos.

Según informó BBC Mundo, distintos estudios han mostrado que ingerir la última comida del día muy cerca de la hora de dormir puede alterar la forma en que el organismo maneja la glucosa y las grasas. Eso significa que una cena tardía no solo puede asociarse con digestiones pesadas o peor descanso; también podría relacionarse con un mayor riesgo de desajustes metabólicos, algo especialmente relevante en sociedades donde los horarios laborales, el tráfico y las pantallas empujan la cena cada vez más tarde. La conclusión no es extrema ni dogmática, pero sí clara: el cuerpo está mejor preparado para procesar alimentos cuando aún está activo y no en modo nocturno.

Este debate va más allá de una recomendación nutricional de moda. Durante años, la conversación sobre alimentación se concentró casi exclusivamente en calorías, porciones y calidad de los alimentos. Pero la crononutrición —la disciplina que estudia la relación entre los horarios de comida y el reloj biológico— está ganando terreno porque ayuda a explicar por qué dos personas pueden comer lo mismo y obtener resultados distintos. En el caso de la cena, comer demasiado tarde puede chocar con la preparación natural del organismo para el descanso, lo que afecta no solo el metabolismo sino también la regulación del apetito al día siguiente. Para millones de personas en Estados Unidos y Colombia, donde las jornadas extensas y la falta de tiempo empujan hábitos irregulares, esta información tiene una lectura práctica: ordenar mejor los horarios podría ser una herramienta sencilla para cuidar la salud sin recurrir a cambios drásticos.

La pregunta, entonces, no es solo a qué hora se come, sino qué tan alineada está esa rutina con la biología. Y ese detalle, que a primera vista parece menor, puede tener efectos acumulativos en el peso, el sueño y la salud cardiovascular. La ciencia no está diciendo que cenar tarde sea una condena, pero sí que el reloj interno pasa factura cuando insistimos en ignorarlo.

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