Colombia

Tres licitaciones fallaron para la nueva calle 13 de Bogotá

Hace 1 hora

La nueva calle 13 de Bogotá sigue atascada pese a tener $2,3 billones asegurados para los tramos pendientes. Tres licitaciones han fracasado por riesgos contractuales, trámites con redes de servicios públicos y problemas para manejar el tráfico.

La troncal de TransMilenio por la calle 13, una de las obras más esperadas para descongestionar el occidente de Bogotá, volvió a quedar en evidencia como un proyecto difícil de contratar: tres licitaciones han fracasado pese a que ya existe financiación garantizada por $2,3 billones para los tramos pendientes. El problema no es solo de plata. Lo que ha frenado a los constructores es una combinación de riesgos contractuales, enredos con empresas de servicios públicos y un manejo del tráfico que complica cualquier cronograma de obra en una de las vías más cargadas de la ciudad.

De acuerdo con la información divulgada por Infobae Colombia, el proyecto no ha logrado seducir al mercado constructor precisamente porque los pliegos y las condiciones de ejecución siguen cargando demasiada incertidumbre para quien gane la obra. En una infraestructura de esta escala, los retrasos por traslado de redes, interferencias con acueducto, energía o telecomunicaciones, y los costos adicionales de intervenir una arteria tan sensible para Bogotá, pueden desbordar cualquier presupuesto inicial. Por eso, aunque los recursos estén amarrados, el reto real ha sido convertir esa garantía financiera en una licitación viable y atractiva.

El caso de la calle 13 también revela un problema más amplio que Bogotá arrastra desde hace años: tener recursos no basta si el diseño contractual no distribuye bien los riesgos ni resuelve antes los cuellos de botella técnicos. En una ciudad donde cada gran obra termina atrapada entre trámites, redes enterradas y presión vehicular, el resultado suele ser el mismo: cronogramas que se estiran, procesos que se caen y una ciudadanía que sigue esperando soluciones mientras soporta más trancones. Para los habitantes del occidente y para quienes dependen a diario de esa conexión hacia el centro y el resto de la ciudad, el retraso de esta troncal significa seguir moviéndose en una de las rutas más saturadas de la capital, justo cuando Bogotá necesita obras que no solo estén financiadas, sino que también sean ejecutables.

La nueva calle 13 terminó mostrando una contradicción frecuente en la infraestructura pública colombiana: el dinero puede estar, pero si el Estado no afina la ingeniería jurídica y operativa del proyecto, la obra se vuelve inviable antes de empezar. Y eso, en una ciudad como Bogotá, se traduce en algo muy concreto: más promesas que metros construidos.

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