Nueva Jersey impulsa una prohibición sobre productos con microplásticos

Imagen: infobae estados unidos
Nueva Jersey puso sobre la mesa una de las medidas más agresivas contra los microplásticos en productos de uso diario. El proyecto obligaría a fabricantes, comercios y plataformas digitales a reformular o sacar del mercado ciertos artículos en un plazo de tres años.
Nueva Jersey abrió la puerta a una restricción inédita sobre productos cotidianos que contengan microplásticos, con un proyecto que apunta incluso a algunos chicles, además de otras categorías de consumo masivo. La iniciativa no solo pone la lupa sobre los fabricantes, sino también sobre vendedores y plataformas digitales, a quienes les impondría nuevas obligaciones para que los artículos cumplan con los estándares que fije la ley antes de llegar al consumidor.
Según informó infobae Estados Unidos, la propuesta contempla un periodo máximo de tres años para que las empresas ajusten sus fórmulas, modifiquen sus cadenas de suministro o retiren del mercado los productos que no se adapten a las exigencias. En la práctica, eso significa que el Estado busca dar margen de transición, pero deja claro que, una vez vencido el plazo, podría limitar la distribución de aquellos artículos que mantengan estos compuestos en su elaboración.
La medida llega en medio de una preocupación creciente por la presencia de microplásticos en alimentos, envases, cosméticos y otros bienes de consumo, un debate que ya no se limita al terreno ambiental y que empieza a tocar de lleno la salud pública. Si avanza, Nueva Jersey podría convertirse en un laboratorio regulatorio para otros estados que también evalúan cómo frenar la exposición cotidiana a estas partículas, especialmente en productos que la gente compra sin imaginar que puedan contenerlas.
El trasfondo es político, sanitario y económico al mismo tiempo: regular este tipo de ingredientes obliga a la industria a invertir en cambios, pero también presiona a los comercios y a las plataformas de venta en línea a verificar qué distribuyen. Para el consumidor, el impacto sería doble: más controles sobre lo que compra y, posiblemente, una transición hacia productos reformulados, más costosos o simplemente distintos a los que hoy circulan en los estantes y catálogos digitales.



