La Universidad del Rosario se alista para una reforma curricular de fondo

Imagen: infobae colombia
La nueva rectora de la Universidad del Rosario, Stéphanie Lavaux, quiere mover la universidad hacia un modelo más flexible, técnico y conectado con el mercado laboral. Su apuesta incluye revisar planes de estudio, sumar microcertificaciones y acortar algunas carreras.
La Universidad del Rosario abrió una discusión que puede terminar marcando el rumbo de la educación superior en Colombia: su nueva rectora, Stéphanie Lavaux, plantea una “revolución curricular” para adaptar la institución a un mercado laboral que cambia con rapidez y a una generación de estudiantes que ya no responde al modelo universitario tradicional. La propuesta incluye revisar metodologías de enseñanza, impulsar microcertificaciones, ampliar la formación técnica y tecnológica y estudiar carreras más cortas en áreas donde el tiempo de permanencia en pregrado ya no garantiza mejor empleabilidad.
Según informó infobae colombia, Lavaux quiere que la universidad deje de pensar el currículo como una estructura rígida y lo convierta en una ruta más flexible, capaz de combinar formación académica con competencias concretas y verificables. En esa hoja de ruta también aparece la inteligencia artificial, pero no como un atajo para reducir el rigor, sino como una herramienta que debe incorporarse con criterios éticos en los procesos educativos. El planteamiento, en términos prácticos, busca que los estudiantes salgan con más habilidades aplicables, más opciones de certificación parcial y una relación menos estática con la universidad a lo largo de su vida profesional.
El anuncio importa porque toca una de las tensiones de fondo de la educación colombiana: el desfase entre lo que enseñan muchas universidades y lo que exigen hoy las empresas, el sector público y la economía digital. Mientras el país sigue arrastrando brechas de acceso, costos elevados y altos niveles de deserción, la discusión sobre carreras más cortas y formación modular pone sobre la mesa una pregunta incómoda pero necesaria: ¿tiene sentido mantener programas largos y homogéneos en un entorno donde los oficios, las tecnologías y los perfiles laborales cambian a una velocidad inédita? La apuesta de Lavaux, además, dialoga con una tendencia global en la que las instituciones de educación superior intentan no perder terreno frente a alternativas más rápidas, más baratas y más especializadas.
Para los estudiantes y sus familias, el debate no es menor. Una reforma de este tipo podría abrir puertas a trayectorias académicas más asequibles y adaptadas a necesidades reales, especialmente para quienes no pueden sostener años de estudio sin ingresos. Pero también plantea riesgos: si la flexibilidad se impone sin un debate serio sobre calidad, la universidad podría terminar cediendo terreno en profundidad académica y pensamiento crítico. Lo que está sobre la mesa, en el fondo, no es solo una actualización de pensum, sino una definición política sobre qué tipo de profesionales necesita Colombia y qué papel quiere jugar la universidad en un país donde estudiar ya no basta, pero seguir aprendiendo será cada vez más obligatorio.



