Temblor de magnitud 3,3 en Cundinamarca volvió a encender alertas en la mañana del domingo

Imagen: infobae colombia
Un sismo de magnitud 3,3 sacudió la mañana de este domingo 23 de agosto a Cundinamarca, con epicentro en Cucunubá, según el Servicio Geológico Colombiano. Aunque fue leve, reaviva la atención sobre la actividad sísmica en una zona históricamente expuesta.
Un nuevo temblor se registró en la mañana de este domingo 23 de agosto en Cundinamarca y, aunque su magnitud fue baja, volvió a poner sobre la mesa una realidad que en Colombia nunca deja de estar presente: el país sigue moviéndose. De acuerdo con el Servicio Geológico Colombiano, el evento sísmico alcanzó una magnitud de 3,3 y tuvo como epicentro el municipio de Cucunubá, en el centro del departamento.
El reporte oficial ubica este movimiento dentro de los sismos de baja intensidad que suelen sentirse de manera leve o incluso pasar inadvertidos para buena parte de la población, pero que sirven como recordatorio de la constante actividad tectónica del territorio nacional. En municipios de Cundinamarca y zonas cercanas, este tipo de eventos suele generar reportes ciudadanos, pequeñas alertas en redes sociales y la revisión inmediata de las autoridades, especialmente cuando ocurren en horas de la mañana, cuando la actividad diaria apenas comienza.
Más allá del dato puntual, el episodio vuelve a evidenciar por qué la cultura de prevención sísmica sigue siendo una tarea pendiente en Colombia. El país se encuentra en una zona de alta complejidad geológica, influenciada por la interacción de placas tectónicas que hacen frecuentes los sismos de distinta magnitud. Aunque un temblor como el de Cucunubá no representa, en principio, una amenaza mayor, sí recuerda la importancia de saber cómo actuar, revisar rutas de evacuación y mantener preparados hogares, colegios y lugares de trabajo. En un país donde gran parte de la población vive en ciudades y municipios con infraestructura desigual, la diferencia entre un susto y una tragedia sigue estando en la prevención.
La sacudida de este domingo también tiene un efecto político y social que no debe subestimarse: cada reporte sísmico reabre la discusión sobre la capacidad institucional para monitorear, alertar y educar a la ciudadanía. En un territorio donde los movimientos telúricos son parte de la vida cotidiana, la verdadera noticia no es solo que la tierra tiemble, sino que todavía hay comunidades que no cuentan con suficiente preparación para responder con rapidez y orden. Por eso, incluso un sismo de 3,3 termina siendo relevante: no por el daño que deja, sino por lo que revela sobre la fragilidad con la que seguimos conviviendo con el riesgo.




