Matan a Claribel Moreno en Jamundí: la madre que buscó a su hija por cinco años
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Claribel Moreno, activista y madre buscadora, fue hallada muerta el 13 de mayo en Jamundí, Valle del Cauca, tras cinco años de insistir en la búsqueda de su hija desaparecida. Su familia había denunciado amenazas asociadas con esa labor.
El asesinato de Claribel Moreno en Jamundí no solo cerró de manera trágica una búsqueda de cinco años por su hija desaparecida: volvió a poner sobre la mesa el riesgo que enfrentan en Colombia las personas que se convierten en buscadoras de verdad. La activista fue hallada sin vida el 13 de mayo, según informó El Tiempo (Colombia), en un caso que golpea con especial fuerza porque ocurrió después de que ella misma hubiera denunciado amenazas relacionadas con la labor que adelantaba. Su muerte resume una realidad brutal: en muchas regiones del país, insistir en preguntar por un desaparecido sigue siendo una actividad de alto peligro.
De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo (Colombia), un familiar de Moreno habló sobre los últimos meses de la mujer y reforzó una preocupación que ya existía en su entorno: las intimidaciones no eran un rumor aislado, sino parte del costo que ella venía pagando por seguir el rastro de su hija. En un país donde miles de familias cargan durante años con la incertidumbre de una desaparición, las llamadas, mensajes o advertencias contra quienes buscan suelen tener un efecto devastador: obligan a las víctimas indirectas a elegir entre el silencio o la exposición. En este caso, la activista no solo estaba enfrentando el vacío de no saber dónde estaba su hija, sino también la presión de quienes aparentemente querían frenar esa búsqueda.
Lo ocurrido en Jamundí importa porque revela una falla estructural que Colombia aún no corrige: la protección real para quienes reclaman a sus desaparecidos sigue siendo insuficiente y, muchas veces, tardía. Las madres buscadoras, líderes sociales y defensores de derechos humanos suelen quedar en una zona gris entre la denuncia y la soledad institucional. Cuando una persona como Moreno es asesinada mientras intentaba obtener respuestas, el mensaje que recibe el resto de familias es inquietante: buscar puede costar la vida. Y eso no solo afecta a una casa o a una vereda; impacta la confianza en el Estado, la disposición a denunciar y la posibilidad misma de reconstruir la verdad sobre miles de ausencias que siguen abiertas.
Por eso el caso trasciende la nota policial. No se trata únicamente del homicidio de una mujer en Jamundí, sino de la violencia que acompaña a la desaparición forzada y a otras formas de desaparición en Colombia, donde el dolor no termina con la ausencia, sino que a veces se prolonga en amenazas, hostigamientos y asesinatos. Si algo deja este crimen es una alerta incómoda para las autoridades: mientras las familias que buscan a sus seres queridos sigan expuestas, la impunidad no solo protegerá a los victimarios, sino que seguirá castigando a quienes se atreven a preguntar.


