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Cuba al borde del colapso: 94% vive en pobreza extrema, según un informe

Hace 5 horas

Cuba atraviesa una crisis social de proporciones históricas: el 94% de sus habitantes vive en pobreza extrema, según un estudio del Observatorio Cubano de Derechos Humanos. Los apagones, el hambre y el deterioro sanitario concentran el malestar en la isla.

La radiografía social que sale de Cuba es devastadora: el 94% de la población vive en pobreza extrema, de acuerdo con un estudio del Observatorio Cubano de Derechos Humanos, una cifra que retrata con crudeza el colapso material de la isla bajo el régimen castrista. La mayor preocupación de los cubanos, según ese informe, son los apagones constantes, seguidos por la crisis alimentaria y el deterioro de la salud pública, tres síntomas de un país que hace años dejó de funcionar con normalidad y que hoy sobrevive a punta de carencias.

El dato más alarmante no es solo la magnitud de la pobreza, sino lo que implica en la vida cotidiana: ocho de cada diez cubanos han tenido que saltarse al menos una comida al día. En la práctica, eso significa que el acceso a alimentos suficientes ya no es un problema marginal, sino una experiencia extendida y estructural. A ello se suma una infraestructura eléctrica al límite, con cortes que alteran el trabajo, el estudio, la conservación de alimentos y hasta la atención médica. En una economía asfixiada, cada apagón golpea varias veces: apaga casas, paraliza negocios y profundiza la sensación de abandono.

Este panorama no surge de la nada. Cuba arrastra desde hace años una combinación tóxica de ineficiencia estatal, dependencia externa, caída de ingresos, fuga de profesionales y un modelo político que no ha logrado corregir sus fallas básicas. La crisis sanitaria también refleja ese deterioro: hospitales con escasez de insumos, dificultad para acceder a medicamentos y una población cada vez más vulnerable. Lo que el informe deja claro es que la pobreza en la isla ya no puede leerse como un fenómeno puntual, sino como la norma de vida de la mayoría. Y eso importa porque obliga a mirar más allá de la narrativa oficial: cuando casi toda la población vive en emergencia, el problema deja de ser económico y se convierte en una falla de Estado.

Para la gente común, la consecuencia es brutal y concreta. Comer menos, vivir con calor, enfermarse sin atención suficiente y reorganizar la vida alrededor de la incertidumbre se han convertido en la rutina de millones. En términos políticos, el dato también tensiona al régimen: muestra el costo humano de un sistema que no consigue garantizar lo elemental. Mientras las autoridades insisten en explicar la crisis por factores externos, la evidencia que emerge desde la sociedad cubana apunta a un país atrapado en una emergencia social prolongada, con pocas señales de alivio en el corto plazo.

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