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España entra en la era de los grandes incendios y el reto ya no es solo apagarlos

Hace 1 hora
España entra en la era de los grandes incendios y el reto ya no es solo apagarlos

Imagen: El País

España entra en una etapa en la que los grandes incendios dejan de ser una anomalía para convertirse en parte del paisaje climático. Expertos señalan que el reto ya no es solo apagar el fuego, sino adaptar el territorio para convivir con él.

Los grandes incendios forestales ya no pueden entenderse como episodios excepcionales en España, sino como una consecuencia directa de un clima cada vez más extremo y de un territorio abandonado o mal gestionado. La advertencia de varios expertos apunta a una conclusión incómoda pero difícil de ignorar: el país está entrando en una fase en la que la estrategia no puede limitarse a reaccionar cuando las llamas ya han avanzado, sino a preparar el terreno para que el fuego no encuentre combustible fácil ni paisajes vulnerables. En otras palabras, el incendio deja de ser un accidente aislado y pasa a ser un problema estructural.

Según la información divulgada por El País, las olas de calor inéditas están agravando un escenario en el que la vegetación seca, las altas temperaturas y los vientos intensifican la velocidad y la virulencia de los fuegos. A eso se suma un cambio de fondo en la relación entre la sociedad y el campo: la despoblación rural, el abandono de actividades agrarias tradicionales y la acumulación de masa forestal sin una gestión suficiente han creado un mosaico territorial más expuesto. Los expertos consultados sostienen que no basta con reforzar los dispositivos de extinción; hace falta intervenir antes, con prevención real, ordenación del paisaje, usos agrícolas y forestales compatibles y una política pública sostenida en el tiempo.

La clave de fondo es que el cambio climático no actúa solo. Amplifica problemas previos. España, como otros países del sur de Europa, ha construido durante décadas un modelo territorial donde el monte crece más rápido que la capacidad de gestionarlo, mientras el mundo rural pierde población, actividad y recursos. Eso convierte a los incendios en un síntoma de algo más grande: una crisis de gestión del territorio. Y por eso importa más allá de la temporada de fuego. Lo que está en juego no es únicamente la superficie quemada, sino el futuro de los pueblos, la seguridad de las personas, la protección de ecosistemas y el costo creciente para las administraciones públicas. Para la ciudadanía, la lección es clara: enfrentar esta nueva era de incendios exigirá menos improvisación y más decisiones incómodas sobre cómo habitamos, cultivamos y cuidamos el campo.

El panorama que describen los especialistas obliga a dejar atrás la idea de que el fuego se combate solo con aviones, mangueras y operativos de emergencia. Si no cambia la relación con el territorio, España seguirá apagando incendios cada verano mientras el problema de fondo se hace más grande. Y en esa ecuación, las olas de calor son solo la chispa más visible de una transformación mucho más profunda.

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