Pasaportes, el primer reto de la nueva Cancillería de Omar Bula
Imagen: El Tiempo - Política
La nueva Cancillería que acompaña a Abelardo de la Espriella llega con una urgencia inmediata: resolver la crisis de los pasaportes. Omar Bula, su futuro ministro de Exteriores, dijo que ese será uno de los primeros frentes de trabajo.
La crisis en la expedición de pasaportes se convirtió en la primera señal de alarma para la nueva Cancillería que prepara el gobierno de Abelardo de la Espriella. Omar Bula, quien asumirá el Ministerio de Exteriores, confirmó en diálogo con Vélez por la mañana que ese problema estará entre las prioridades iniciales de su gestión, un anuncio que deja claro que la agenda diplomática arrancará, ante todo, por un asunto administrativo con impacto directo en millones de ciudadanos.
La relevancia del tema no es menor. En Colombia, el trámite de pasaporte suele convertirse en una prueba de resistencia para usuarios que enfrentan demoras, cupos limitados y cambios de operador que terminan desordenando la entrega del documento. Que el futuro canciller ponga el asunto sobre la mesa desde antes de asumir muestra que el nuevo gobierno entiende que una parte de la legitimidad institucional también se juega en servicios básicos que, aunque parezcan menores frente a la política exterior, afectan de manera inmediata la vida cotidiana de la gente, especialmente de quienes necesitan viajar por trabajo, estudio, salud o reunificación familiar.
Pero el anuncio también revela algo más profundo: la Cancillería no solo deberá recuperar capacidad operativa, sino reconstruir confianza. La crisis de pasaportes se ha vuelto un símbolo del deterioro administrativo que golpea al Estado cuando una tarea tan sensible depende de decisiones improvisadas, cambios contractuales o falta de coordinación entre entidades. Si Bula cumple con resolver ese frente en los primeros meses, el gobierno podrá vender un mensaje de eficiencia; si no lo logra, el problema se convertirá en una carga política temprana para una administración que todavía no empieza a caminar y ya enfrenta una prueba visible de gestión.
Por eso, aunque el foco inmediato sea el documento de viaje, el trasfondo es mayor: la nueva Cancillería tendrá que demostrar que puede ordenar la casa mientras define su política internacional. En la práctica, eso significa que el éxito o fracaso de una cartera históricamente asociada a la diplomacia dependerá también de su capacidad para responder con rapidez a un trámite que miles de colombianos consideran un derecho básico y no un privilegio burocrático.



