Política

ONU pide bajar la polarización y advierte por riesgos de violencia en la transición

Hace 2 horas

Naciones Unidas pidió garantizar una transición institucional sin sobresaltos entre el gobierno de Gustavo Petro y el de Abelardo De La Espriella, en medio de un clima político que sigue cargado de tensiones. El organismo alertó que la polarización puede abrir la puerta a nuevos episodios de violencia política.

Naciones Unidas encendió una alerta que en Colombia no debería pasar inadvertida: pidió que el relevo entre el gobierno de Gustavo Petro y el de Abelardo De La Espriella se dé de manera fluida, ordenada y sin alimentar más la confrontación política. El mensaje llega en un momento sensible, con la posesión del 7 de agosto a la vuelta de la esquina y con un ambiente público todavía marcado por la desconfianza, los ataques cruzados y el temor a que la disputa electoral termine desbordándose hacia la violencia.

Según informó El Tiempo - Política, la ONU presentó un informe sobre el proceso electoral en el país en el que insistió en la necesidad de bajar la polarización antes del cambio de gobierno. El llamado no es retórico: parte de la experiencia acumulada por el organismo en escenarios donde la tensión entre campañas, líderes y bases partidistas ha terminado debilitando la legitimidad de las instituciones y erosionando las garantías para el ejercicio político. En otras palabras, la advertencia apunta a evitar que la transición presidencial se convierta en un nuevo foco de inestabilidad.

La preocupación de fondo tiene peso histórico. Colombia ha convivido durante décadas con formas diversas de violencia política, desde asesinatos selectivos y amenazas hasta sabotajes institucionales y persecución a liderazgos locales. Por eso, cuando Naciones Unidas pide moderación, no está haciendo un gesto protocolario: está recordando que la democracia no se agota en depositar un voto, sino en proteger el derecho a disentir, a hacer oposición y a tramitar el poder sin que la confrontación termine en agresión. Para la ciudadanía, esto importa de forma directa porque una transición accidentada suele traducirse en incertidumbre económica, freno en decisiones públicas y más dificultad para que el Estado responda a problemas urgentes como seguridad, empleo y acceso a servicios.

El mensaje también funciona como advertencia para la clase política, que en vez de leer el resultado electoral como un mandato para gobernar con responsabilidad, muchas veces lo interpreta como una licencia para profundizar la división. Si el nuevo ciclo presidencial arranca entre acusaciones, presión callejera y señales de ruptura institucional, el costo no lo pagan solo las élites: lo asumen los territorios, las regiones más expuestas al conflicto y los ciudadanos que dependen de un Estado capaz de operar sin crisis permanentes. Por eso la transición que reclama la ONU no es un formalismo diplomático; es una condición mínima para que la democracia colombiana no siga caminando sobre una cuerda floja.

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