Benavides eleva la presión por la curul afro y señala al clan Pulgar y al CNE

Imagen: infobae colombia
Óscar Benavides elevó el tono de su denuncia y dijo temer por su seguridad tras responsabilizar al clan Pulgar y a cinco magistrados del CNE de cualquier agresión en su contra. El congresista sostiene que le quitaron una curul afro a Anyela Viviana Guanga.
Óscar Benavides convirtió una disputa electoral en una advertencia pública de alto voltaje político. El congresista aseguró que no tiene enemigos personales, pero responsabilizó al clan Pulgar y a cinco magistrados del Consejo Nacional Electoral de cualquier hecho que pudiera afectarlo, en medio de su insistencia en que al CNE le corresponde explicar por qué, según él, terminó arrebatándole una curul afro a Anyela Viviana Guanga.
La tensión crece porque el caso ya no se limita a una pelea por una credencial en el Congreso, sino que se mueve en el terreno de las acusaciones cruzadas, la legitimidad institucional y la seguridad de quienes participan en el pulso político. Según informó Infobae Colombia, Benavides lanzó su advertencia mientras insistía en que la decisión del órgano electoral habría afectado la representación de una curul afro, una discusión que toca de frente el equilibrio de la participación étnica en el Legislativo y abre preguntas sobre el procedimiento usado para definirla.
Lo que está en juego no es menor. En Colombia, las curules especiales y las disputas por su asignación suelen revelar mucho más que una diferencia jurídica: exponen la fragilidad de la confianza en las autoridades electorales y la facilidad con la que un conflicto institucional puede escalar a una narrativa de persecución política. Cuando un congresista dice que teme por su vida o por su integridad y, al mismo tiempo, señala a dirigentes y magistrados como eventuales responsables de cualquier daño, el debate deja de ser estrictamente electoral y entra en un terreno más delicado, donde pesan la credibilidad de las instituciones y la protección de los actores políticos.
Este episodio también pone en evidencia una constante de la política colombiana: las decisiones de los organismos electorales no solo reordenan curules, sino que pueden reconfigurar alianzas, tensar territorios y reactivar conflictos alrededor de la representación de comunidades históricamente excluidas. Si la controversia sobre la curul afro de Anyela Viviana Guanga sigue escalando, el país podría terminar viendo una nueva batalla jurídica y política en la que la pregunta de fondo no será únicamente quién ocupa el escaño, sino qué tan transparentes y defendibles son las reglas con las que se decide la representación de las minorías.


