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Ortega da otro paso: Nicaragua busca ampliar a siete años renovables el mandato presidencial

Hace 2 horas

El Parlamento de Nicaragua abrió la puerta a ampliar a siete años renovables el mandato presidencial, en una nueva señal del giro autoritario de Daniel Ortega. La propuesta llega días después de que el mandatario planteara eliminar las elecciones.

El régimen de Daniel Ortega volvió a mover las reglas del poder en Nicaragua. Ahora, el Parlamento oficialista propone extender a siete años renovables el período presidencial, una reforma que refuerza el control del sandinismo sobre el Estado y profundiza el cierre democrático en el país centroamericano.

La iniciativa fue presentada en el plenario por Gustavo Porras, presidente de la Asamblea Nacional, quien al exponer los motivos sostuvo que el modelo de “Pueblo Presidente” debe reorganizarse con periodos efectivos de siete años renovables. La propuesta aparece apenas nueve días después de que Ortega fuera más lejos y planteara, según informó la fuente citada, la eliminación de las elecciones en Nicaragua, una idea que confirma que el debate ya no gira sobre cómo competir por el poder, sino sobre cómo blindarlo.

Lo que está ocurriendo en Managua no es un hecho aislado ni una simple reforma técnica. Es parte de una secuencia política muy clara: reducir contrapesos, vaciar de contenido la alternancia y normalizar la permanencia indefinida de un liderazgo que lleva años desmantelando el pluralismo. En términos prácticos, una presidencia de siete años no solo alarga el ciclo de gobierno; también debilita todavía más cualquier posibilidad de control ciudadano y estrecha el margen para una oposición que ya opera bajo fuerte presión, con partidos intervenidos, liderazgos encarcelados o forzados al exilio y medios independientes perseguidos.

Para la región, Nicaragua se ha convertido en un laboratorio extremo de concentración de poder. Y para los nicaragüenses, estas reformas no son una discusión abstracta de derecho constitucional: afectan su vida cotidiana, desde la posibilidad de elegir a sus gobernantes hasta la estabilidad de las instituciones que deberían proteger sus libertades. Si la propuesta avanza, Ortega no solo estaría prolongando su permanencia en el poder; estaría consolidando un modelo político donde la elección deja de ser un mecanismo de cambio y se convierte, en la práctica, en una formalidad vaciada de contenido.

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