Pakistán intenta mediar entre EE.UU. e Irán para evitar una nueva escalada en Ormuz
Imagen: infobae mundo
Pakistán aseguró que mueve sus fichas diplomáticas para evitar una nueva escalada entre Estados Unidos e Irán en uno de los puntos más sensibles del comercio energético global. La prioridad, según Islamabad, es desactivar tensiones en el estrecho de Ormuz, por donde pasa una parte decisiva del petróleo mundial.
Pakistán dijo estar haciendo “todo lo posible” para ayudar a encauzar la paz entre Estados Unidos e Irán, en un intento por contener una crisis que podría golpear no solo la seguridad regional, sino también los mercados energéticos internacionales. El Ministerio de Asuntos Exteriores confirmó que las conversaciones para normalizar la situación, con foco especial en el estrecho de Ormuz, continúan activas, una señal de que Islamabad busca conservar un rol de mediador en uno de los expedientes más delicados de Oriente Medio.
De acuerdo con la información divulgada por infobae mundo, la diplomacia paquistaní insiste en que mantiene canales abiertos para reducir tensiones en una zona que históricamente funciona como termómetro de la relación entre Washington y Teherán. No se trata de una declaración menor: hablar de Ormuz es hablar del punto de estrangulamiento por el que transita una porción sustancial del crudo que abastece al mercado global. Cualquier deterioro allí se traduce rápido en incertidumbre para los precios de la energía, en presión sobre las economías importadoras y en más volatilidad para países que ya cargan con una inflación persistente.
El gesto de Islamabad también revela algo más profundo: Pakistán intenta posicionarse como actor diplomático útil en un vecindario donde conviven rivalidades, presiones externas y seguridad fronteriza. Para Estados Unidos, recuperar o sostener algún tipo de interlocución con Irán sigue siendo un desafío estratégico de largo aliento, especialmente después de años de sanciones, choques militares indirectos y desconfianza mutua. Para Irán, en cambio, cualquier vía que alivie el aislamiento internacional puede convertirse en una herramienta para ganar margen político y económico sin renunciar a sus líneas rojas. En ese tablero, Pakistán apuesta a que la mediación todavía puede evitar que una tensión bilateral vuelva a desbordarse con consecuencias regionales.
Más allá de la retórica diplomática, el trasfondo es concreto: si la situación en el estrecho de Ormuz se complica, el impacto no quedará encerrado en la geopolítica. Golpeará costos de transporte, cadenas de suministro y el bolsillo de consumidores en distintas partes del mundo, incluidos Estados Unidos y países latinoamericanos dependientes de la estabilidad petrolera. Por eso la afirmación de Islamabad importa: no solo expone una gestión de crisis en curso, sino que confirma que la gran disputa entre Washington y Teherán sigue teniendo capacidad de alterar la economía global en cuestión de horas.



