Paloma Valencia redefine al uribismo y se distancia de Milei y Bukele

Imagen: infobae colombia
Paloma Valencia volvió a mover la discusión ideológica dentro del Centro Democrático al afirmar que el partido no encaja en la derecha tradicional. Desde Medellín, defendió el uribismo, tomó distancia de Milei y Bukele y pidió combinar crecimiento con políticas sociales.
Paloma Valencia reabrió este fin de semana un debate que el Centro Democrático suele evitar en público: el de su verdadera ubicación ideológica. Durante un encuentro del partido en Medellín, la exsenadora aseguró que la colectividad no debe leerse como una fuerza de derecha al uso, y marcó distancia de las referencias que hoy dominan parte de la conversación conservadora en América Latina, entre ellas Javier Milei y Nayib Bukele.
Según informó infobae colombia, Valencia defendió la doctrina del uribismo como una corriente propia, con rasgos distintos al liberalismo económico más radical y a los modelos de poder personalista que han ganado terreno en la región. En ese marco, cuestionó que al Centro Democrático se le quiera asociar de forma automática con Hayek y con una agenda exclusivamente orientada al mercado. Su mensaje fue claro: el desarrollo, dijo en esencia, no puede medirse solo por crecimiento económico, sino que debe ir acompañado de políticas sociales que protejan a la población más vulnerable.
La afirmación no es menor porque toca una tensión de fondo en la derecha colombiana: entre quienes quieren llevar al partido hacia una identidad más dura, más antipolítica y más alineada con la ola libertaria de la región, y quienes insisten en que el uribismo nació como una propuesta de orden, seguridad y mercado, pero con algún margen de intervención social. En un país atravesado por desigualdad, informalidad y una economía que todavía deja por fuera a millones de personas, esa discusión no es académica. Tiene impacto directo en cómo se diseñan las respuestas frente a pobreza, empleo y cobertura estatal. Por eso importa quién define el rumbo del Centro Democrático: no solo está en juego un nombre partidista, sino el tipo de oposición que se consolidará para los próximos años.
La distancia que Valencia marcó frente a Milei y Bukele también refleja algo más profundo: la disputa por el relato dentro de las derechas latinoamericanas. Mientras unos sectores celebran el ajuste fiscal, la mano dura y la reducción del Estado como receta universal, otros buscan conservar una identidad más moderada, capaz de sostener reformas sin romper del todo el vínculo con la agenda social. En Colombia, donde el debate electoral suele moverse entre promesas de eficiencia y temores de exclusión, esa discusión seguirá pesando. Y en el caso del Centro Democrático, podría anticipar una batalla interna sobre quién interpreta mejor el legado político que Álvaro Uribe dejó sembrado en el partido.




