Ahorristas protestan en Asunción tras el cierre de Ueno Bank

Imagen: clarin colombia
Cientos de ahorristas se movilizaron en Asunción tras el cierre de Ueno Bank para exigir garantías sobre sus fondos. La protesta también derivó en pedidos de juicio político contra el presidente Santiago Peña por sus antiguos vínculos con el grupo dueño del banco.
El cierre de Ueno Bank encendió una alarma que va mucho más allá del sistema financiero paraguayo: casi 3 millones de clientes quedaron a la expectativa de saber qué pasará con sus ahorros mientras un grupo de ahorristas montó una vigilia frente al Congreso, en Asunción, para exigir respuestas y la devolución de su dinero. La protesta, según informó Clarín Colombia, se convirtió además en un nuevo frente de presión política contra el presidente Santiago Peña.
Los manifestantes permanecieron en los alrededores del Parlamento con una demanda central: que el Estado garantice el acceso a sus fondos y aclare el destino de las cuentas afectadas por la salida de la entidad del mercado. A la par, elevaron el tono de sus reclamos al pedir un juicio político contra Peña, a quien señalan por haber sido accionista, hasta hace un año y medio, del holding propietario del banco. El dato no es menor en un país donde la desconfianza hacia las instituciones financieras y políticas suele avanzar de la mano cuando estalla una crisis.
La situación de Ueno Bank pone sobre la mesa una pregunta incómoda para Paraguay: hasta qué punto el sistema está preparado para absorber el impacto de una entidad con una base de clientes tan amplia y qué mecanismos reales existen para proteger los depósitos cuando un banco entra en problemas. Más allá de la disputa jurídica y de la responsabilidad política, el caso afecta directamente a familias, pequeños ahorradores y comercios que dependen de esos recursos para pagar gastos básicos, sostener negocios o mover sus ingresos diarios. En un contexto de tensión pública, cualquier demora en las definiciones solo alimenta la incertidumbre.
Por ahora, la protesta frente al Congreso funciona como termómetro de un malestar que puede escalar si no aparecen señales claras sobre el destino de los depósitos y sobre las eventuales responsabilidades de los antiguos accionistas y autoridades involucradas. En Paraguay, el caso Ueno ya dejó de ser solo un problema bancario: se convirtió en una prueba de credibilidad para el gobierno y para todo el sistema financiero.



