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Siete guías acercan el Parlament catalán a escolares y curiosos

Hace 2 horas
Siete guías acercan el Parlament catalán a escolares y curiosos

Imagen: El País

Siete guías sostienen las visitas escolares y ciudadanas al Parlament de Cataluña, una labor discreta pero clave para acercar la institución a la gente. Entre historia, protocolo y pedagogía, convierten la Cámara en un espacio comprensible para curiosos y alumnos.

Siete guías son hoy la puerta de entrada al Parlament de Cataluña para escolares, turistas y curiosos que quieren entender cómo funciona la institución. Su trabajo, casi siempre invisible, consiste en traducir el lenguaje del poder a explicaciones claras y cercanas, en una Cámara que para muchos sigue siendo un lugar lejano, formal y difícil de descifrar.

Según explicó El País, estos profesionales se encargan de acompañar las visitas y de convertir un recorrido por el edificio en una clase práctica sobre política, historia y vida parlamentaria. No se limitan a señalar salas o retratar anécdotas: contextualizan el papel de la Cámara catalana, explican sus funciones y responden preguntas de visitantes de todas las edades, especialmente de grupos escolares que llegan con poca idea de qué sucede dentro de un parlamento.

La existencia de este servicio dice mucho sobre una tensión que atraviesa a muchas democracias: instituciones esenciales, pero cada vez más distantes para parte de la ciudadanía. En Cataluña, donde el debate político ha sido intenso durante años, abrir las puertas del Parlament no es solo una cuestión pedagógica; también es una forma de transparencia y de legitimidad. Acercar la institución a la gente ayuda a que el poder no se perciba como una caja cerrada, sino como un espacio que se puede mirar, preguntar y entender.

En tiempos de desconfianza hacia la política, el valor de estos guías va más allá del turismo institucional. Son mediadores entre el edificio y la ciudadanía, entre la liturgia parlamentaria y la vida cotidiana. Y aunque su labor no suele generar titulares, cumple una función democrática básica: hacer comprensible una institución que, para muchos, todavía necesita intérprete.

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