Política

Periodista de El Espectador resultó herida en el Congreso por caída de una ventana

Hace 52 minutos

Una periodista de El Espectador resultó herida en el Congreso tras caerle una ventana en la oficina de prensa y tuvo que ser llevada a urgencias. El caso reavivó las denuncias sobre el deterioro de la infraestructura legislativa y la falta de presupuesto para su mantenimiento.

Una periodista de El Espectador, identificada como Luna Mejía Farías, resultó herida este lunes dentro de la oficina de prensa del Congreso de la República, luego de que una ventana se desprendiera y le cayera encima. La comunicadora tuvo que ser trasladada a Urgencias, en un episodio que no solo expone un accidente laboral dentro de una sede institucional, sino también las alertas que desde hace tiempo vienen haciendo varios sectores sobre el deterioro de la infraestructura del Legislativo.

De acuerdo con lo informado por El Tiempo - Política, el hecho ocurrió en el espacio destinado a periodistas en el Capitolio, un lugar que diariamente concentra a reporteros, camarógrafos y fotógrafos que cubren la actividad parlamentaria. Tras el incidente, el Congreso se pronunció sobre lo ocurrido, mientras que en el entorno periodístico comenzaron a circular cuestionamientos sobre las condiciones de seguridad de las instalaciones y sobre la respuesta institucional frente a un problema que, según denuncias conocidas, estaría relacionado con la falta de presupuesto para mantenimiento.

El episodio no puede leerse como un accidente aislado. En un país donde el Congreso tiene la obligación de ser símbolo de la institucionalidad democrática, que una reportera termine en urgencias por el desprendimiento de una ventana dice mucho más que un mal momento: habla de instalaciones envejecidas, de tareas preventivas que no se hacen a tiempo y de una administración que, por acción u omisión, termina exponiendo a trabajadores y visitantes. La denuncia por falta de presupuesto no es menor, porque en la práctica suele convertirse en la explicación recurrente para aplazar reparaciones, pero también en la excusa que deja sin resolver riesgos elementales en espacios de alto tránsito.

Para el periodismo legislativo, además, el caso deja una señal incómoda. Quienes cubren Congreso trabajan en un entorno donde la cercanía con el poder no debería implicar precariedad física. Si una oficina de prensa presenta fallas que terminan lesionando a una periodista, la pregunta inmediata es qué otras áreas están en condiciones similares y cuánto tiempo más puede seguir postergándose una intervención seria. En última instancia, este incidente obliga a mirar más allá de la anécdota: la seguridad de quienes informan también hace parte del funcionamiento democrático, y cuando falla, el problema no es solo arquitectónico, sino político.

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