Rubio aterriza en Perú y expone el límite de la presión de Washington sobre China

Imagen: clarin colombia
La visita de Marco Rubio a Perú llega en un momento incómodo para Washington: Lima ha profundizado su relación económica con China y no parece dispuesta a retroceder. El viaje exhibe hasta dónde puede presionar EE.UU. y dónde empiezan sus límites en la región.
La visita del secretario de Estado Marco Rubio a Perú esta semana pone sobre la mesa una realidad que Washington no puede maquillar: la ofensiva antichina de Estados Unidos tiene cada vez menos capacidad para torcer las decisiones económicas de sus socios latinoamericanos. En Lima, el acercamiento con Pekín no es una anomalía ni un accidente diplomático, sino una apuesta estratégica que ha ganado fuerza en los últimos años y que, por ahora, no muestra señales de cambio.
Según informó Clarín Colombia, el aumento de los vínculos entre Perú y China ha elevado la tensión con Estados Unidos, pero la relación comercial y de inversiones entre ambos países asiáticos y sudamericanos sigue avanzando con inercia propia. Eso explica por qué la agenda de Rubio llega cargada de simbolismo: no se trata solo de una visita bilateral, sino de una prueba de fuego para medir si la diplomacia estadounidense todavía puede frenar el avance de Pekín en una región donde el comercio, la infraestructura y las materias primas mandan más que los discursos geopolíticos.
El caso peruano ilustra una tendencia más amplia en América Latina. Mientras Washington insiste en advertir sobre los riesgos de la dependencia china, varios gobiernos de la región siguen viendo en Pekín una fuente de financiamiento, mercado y obras que Estados Unidos no ha querido o no ha podido igualar. En países como Perú, donde las exportaciones mineras y los proyectos de infraestructura pesan mucho en la economía, la relación con China no se percibe como una amenaza ideológica, sino como una herramienta pragmática para sostener crecimiento e inversión. Esa lectura choca de frente con la estrategia de contención impulsada por la Casa Blanca, que intenta recuperar terreno en el hemisferio en medio de su disputa global con China.
Por eso la visita de Rubio importa más allá del protocolo. Si Washington no logra ofrecer incentivos concretos, su mensaje seguirá sonando a advertencia sin capacidad real de persuasión. Y para Perú, como para otros países de la región, el margen de maniobra seguirá siendo el mismo: aprovechar la competencia entre potencias para obtener beneficios, sin alinearse por completo con ninguna. En esa ecuación, la gran pregunta no es si China está entrando con fuerza en América Latina, sino si Estados Unidos todavía tiene algo más que presión para responder.




