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Petro agita el fantasma paramilitar y pone la reforma agraria en el centro de la disputa

Hace 3 horas
Petro agita el fantasma paramilitar y pone la reforma agraria en el centro de la disputa

Imagen: infobae

Gustavo Petro elevó el tono de la disputa política al advertir que una eventual llegada de Abelardo de la Espriella al poder abriría la puerta al regreso del paramilitarismo. En el centro del debate quedó su política agraria, que el presidente presenta como la prueba de una disputa de fondo por la tierra en Colombia.

Gustavo Petro volvió a usar la tribuna presidencial para mover el debate electoral hacia uno de los temas más sensibles de la historia colombiana: la tierra y la violencia armada. Esta vez, el mandatario aseguró que con Abelardo de la Espriella en el poder regresaría el paramilitarismo al país y con él “la sangre derramada”, una advertencia que no solo busca golpear a un adversario político, sino también amarrar su legado de gobierno a la reforma agraria que ha intentado sacar adelante desde Casa de Nariño.

Según informó infobae, el jefe de Estado defendió su política agraria resaltando los avances en la democratización de la tenencia de la tierra para el campesinado. Petro ha insistido en que redistribuir tierra improductiva o concentrada en pocas manos es una condición indispensable para desmontar las causas estructurales de la violencia rural. En esa narrativa, la reforma agraria no es un asunto técnico ni administrativo, sino un choque de modelos: uno que apuesta por ampliar el acceso de los campesinos a la tierra y otro que, a juicio del presidente, representaría el regreso de viejas élites y prácticas que el conflicto armado ya mostró con brutalidad.

El señalamiento no es menor en un país donde el paramilitarismo marcó zonas enteras con despojo, asesinatos y control territorial, y donde la discusión sobre la tierra sigue siendo una de las heridas abiertas más profundas. Petro sabe que ese lenguaje conecta con una parte importante del electorado que asocia la concentración de la propiedad con el conflicto rural, pero también sabe que endurecer el discurso le permite cerrar filas con su base en momentos en que su gobierno necesita mostrar resultados concretos. La pregunta de fondo es si la reforma agraria ha avanzado lo suficiente para traducirse en transformaciones reales en el campo o si, por el contrario, el gobierno está capitalizando políticamente una agenda que aún enfrenta obstáculos de ejecución, resistencia institucional y dudas sobre su velocidad.

La advertencia presidencial también revela algo más amplio: la campaña que ya se perfila en Colombia no girará solo alrededor de seguridad, economía o corrupción, sino alrededor de la memoria del conflicto y de quién tiene autoridad para hablar en nombre de la paz en el campo. Para los campesinos, que siguen esperando tierra, crédito, infraestructura y presencia estatal, el debate no es abstracto. Se traduce en si el Estado llega con instituciones o si vuelve a dejar espacio para poderes armados, legales o ilegales, que históricamente han decidido sobre la vida rural. Petro intenta presentarse como el presidente que corrige esa historia; sus críticos, en cambio, lo acusan de agitar fantasmas para defender su proyecto político.

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