Petro arremete contra Avianca tras cancelación de vuelos por restricciones de la Ofac

Imagen: infobae colombia
Avianca canceló los tiquetes que Gustavo Petro había reservado para viajar a México y regresar a Bogotá, luego de advertir que debía ajustarse a regulaciones internacionales. El episodio abrió una nueva disputa entre el presidente y la aerolínea, en medio de su presencia en la lista de la Ofac.
La tensión entre Gustavo Petro y Avianca escaló después de que la aerolínea cancelara los vuelos que el presidente había reservado para viajar a México y regresar a Bogotá. La compañía explicó que su decisión respondió a regulaciones internacionales que le impiden operar de manera normal con personas incluidas en la lista de la Ofac, un marco que ha convertido este caso en algo más que una simple disputa por tiquetes: es un choque directo entre la Presidencia y una de las principales aerolíneas del país.
Según informó Infobae Colombia, la cancelación de los trayectos detonó una campaña pública de Petro contra Avianca, quien calificó la actuación de la empresa como una forma de discriminación y anunció que mantendrá su ofensiva “hasta que cambie su posición”. La aerolínea, por su parte, insistió en que no se trata de una decisión política ni de un gesto personal contra el mandatario, sino de una obligación derivada del cumplimiento normativo internacional que condiciona sus operaciones y su relación con entidades y personas sujetas a restricciones externas.
El episodio importa porque pone sobre la mesa un asunto incómodo para el Gobierno: la brecha entre la narrativa política de Petro y las restricciones reales que enfrentan empresas privadas cuando entran en juego sanciones internacionales. La lista de la Ofac no solo tiene efectos financieros; también impacta pagos, reservas, contratos y servicios básicos, y obliga a compañías como Avianca a actuar con cautela para evitar consecuencias legales y operativas. En términos prácticos, el caso revela cómo una sanción o una inclusión en ese tipo de registros puede complicar incluso desplazamientos tan cotidianos como comprar un tiquete o reprogramar un vuelo, con efectos inmediatos en la agenda de un presidente y en la discusión pública sobre soberanía, cumplimiento y límites del sector privado.
Más allá del pulso entre Petro y Avianca, el episodio deja una lección política y empresarial: cuando un jefe de Estado entra en conflicto con una compañía por razones asociadas a sanciones internacionales, el debate deja de ser solo jurídico y se convierte en un mensaje sobre poder, reputación y costos. En Colombia, donde el transporte aéreo es una pieza clave para la movilidad de ciudadanos, empresarios y funcionarios, cualquier choque con una aerolínea de alcance nacional termina amplificándose. Y en este caso, el ruido no parece apagarse pronto.




