Petro atacó a Abelardo de la Espriella y alertó sobre un retorno de la violencia estatal

Imagen: infobae colombia
Gustavo Petro aprovechó la entrega de archivos desclasificados del DAS a la familia de Jaime Garzón para enviar mensajes directos contra Abelardo de la Espriella. El presidente advirtió que su ascenso político reaviva, según él, el fantasma de la violencia estatal en Colombia.
Gustavo Petro convirtió la entrega de archivos desclasificados del DAS a los familiares de Jaime Garzón en una tribuna política para lanzar críticas directas contra Abelardo de la Espriella, a quien señaló como un síntoma de un país que, en su lectura, vuelve a normalizar discursos de fuerza desde el poder. En medio de un acto cargado de memoria y reparación simbólica, el presidente afirmó que con la llegada del llamado “Tigre” al escenario central de la política “de nuevo empieza a insinuarse” el uso de la violencia estatal contra la sociedad.
El mensaje no fue menor ni accidental. Según informó infobae colombia, Petro usó la ceremonia para vincular la discusión sobre los archivos del DAS con una advertencia más amplia sobre la historia reciente de Colombia: la persecución, la vigilancia ilegal y la estigmatización de voces críticas desde el Estado. En su intervención, el mandatario sugirió que ciertos liderazgos políticos reactivan lenguajes y prácticas que el país debería haber superado hace décadas, y que la memoria de casos como el de Garzón sigue siendo una alerta sobre los excesos del poder.
La carga política del discurso también tiene una lectura de fondo: Petro no solo habló del pasado, sino del presente electoral y del clima de confrontación que atraviesa al país. Al señalar que “de nuevo viene una violencia desde arriba”, el presidente buscó instalar la idea de que no todas las amenazas a la democracia se expresan con armas en la calle, sino también con discursos que legitiman el uso del aparato estatal contra opositores, periodistas, líderes sociales o ciudadanos incómodos. Esa advertencia, además, conecta con una tensión conocida en Colombia: la frontera difusa entre autoridad, seguridad y abuso, una discusión que ha marcado gobiernos de distintos signos y que sigue sin resolverse del todo.
El acto por los archivos del DAS, en ese sentido, terminó funcionando como algo más que una entrega documental. Fue un recordatorio de que la verdad sobre la violencia política en Colombia todavía está incompleta y de que la memoria de Jaime Garzón sigue siendo un punto de referencia para medir qué tan lejos —o qué tan cerca— está el país de repetir viejas prácticas. Petro eligió ese escenario para golpear a uno de sus adversarios más visibles, pero también para enviar un mensaje más amplio: en Colombia, el debate sobre quién manda y cómo manda sigue siendo, en el fondo, un debate sobre la democracia misma.




