Petro y De la Espriella abren nuevo choque por el giro diplomático con Israel

Imagen: infobae
El eventual restablecimiento de relaciones entre Colombia e Israel bajo un gobierno de Abelardo de la Espriella abrió un nuevo choque político con Gustavo Petro. La propuesta incluye devolver embajadores, eliminar visas y mover la embajada colombiana a Jerusalén.
El anuncio de un eventual giro diplomático entre Colombia e Israel bajo un gobierno de Abelardo de la Espriella desató una reacción inmediata de Gustavo Petro, que volvió a convertir la política exterior en un campo de batalla ideológico. Según informó infobae, el canciller designado Omar Bula Escobar y su homólogo israelí, Gideon Sa’ar, habrían acordado el regreso de embajadores, la eliminación del requisito de visa y el traslado de la embajada colombiana a Jerusalén, una decisión con alto contenido simbólico y consecuencias geopolíticas.
La movida, de concretarse, implicaría desmontar una de las señales más visibles del distanciamiento entre Bogotá y Tel Aviv bajo la administración Petro. El mandatario colombiano, que ha hecho de su postura frente a la guerra en Gaza una bandera política y moral, respondió con dureza y elevó el tono del debate al vincular a De la Espriella con una eventual deriva autoritaria en Colombia. Más allá de la carga retórica, el episodio revela hasta qué punto la relación con Israel se ha convertido en un termómetro de la política exterior colombiana y del pulso interno entre derecha e izquierda.
Lo que está en juego no es solo una disputa simbólica. El restablecimiento de vínculos plenos podría reabrir canales de cooperación en seguridad, comercio, tecnología y movilidad, sectores en los que Israel ha tenido peso histórico para Colombia. También tendría un impacto inmediato para ciudadanos, empresarios y estudiantes que dependen de trámites consulares más ágiles y de una relación diplomática menos hostil. Pero el traslado de la embajada a Jerusalén tocaría una fibra sensible en la diplomacia internacional, porque Colombia se alinearía con una postura que muchos países han evitado por el estatus disputado de la ciudad y por las tensiones que eso genera en Medio Oriente.
En el fondo, el intercambio revela algo más profundo: la política exterior dejó de ser un asunto de cancillerías para convertirse en una herramienta de campaña y de identidad política. Petro intenta defender su legado y su narrativa internacional; De la Espriella busca proyectar ruptura y alineamiento con aliados estratégicos de Occidente. Si ese plan prospera o queda como gesto de precampaña dependerá no solo de la correlación de fuerzas en Colombia, sino también de cómo se reposicionen los actores globales ante un conflicto que sigue dividiendo gobiernos, opiniones públicas y agendas diplomáticas.



