Colombia

Petro culpa a Duque por el déficit fiscal y defiende recorte a subsidios

Hace 2 horas

Gustavo Petro defendió su manejo fiscal y atribuyó al gobierno de Iván Duque el origen del mayor déficit primario de América Latina. El presidente también insistió en que su administración no debería seguir financiando subsidios, como el de la gasolina, con recursos del presupuesto nacional.

El presidente Gustavo Petro salió a defenderse por el deterioro de las cuentas públicas de Colombia y trasladó la responsabilidad al gobierno de Iván Duque, al que señaló por haber dejado el mayor déficit primario de América Latina. En su intervención, el mandatario sostuvo además que su administración fue la que menos aumentó la deuda pública y que, a diferencia de sus antecesores, cumplió de manera total con las obligaciones pendientes ante el Fondo Monetario Internacional (FMI). La tesis de fondo es clara: el problema fiscal actual no nacería en su gobierno, sino en decisiones acumuladas en el pasado, especialmente en materia de deuda y subsidios.

Petro también defendió una postura que ha sido una constante en su discurso económico: no seguir financiando subsidios con dinero del presupuesto nacional. En particular, puso el foco en el subsidio a la gasolina, una carga que durante años ha presionado las finanzas del Estado y que, según su visión, terminó convirtiéndose en una bomba fiscal heredada. Su argumento apunta a que el Estado no puede sostener indefinidamente ayudas de ese tipo sin comprometer inversión social, gasto público y estabilidad macroeconómica. En otras palabras, el presidente intenta justificar que la corrección del déficit exige decisiones impopulares, pero necesarias, frente a un modelo de gasto que considera insostenible.

La discusión no es menor. En Colombia, el debate sobre el déficit y los subsidios se cruza con una realidad delicada: inflación todavía sensible para los hogares, costo de vida elevado y una presión constante sobre el presupuesto del Estado. El subsidio a la gasolina, por ejemplo, no solo impacta las finanzas públicas; también influye en el transporte, en la cadena de precios y en el bolsillo de millones de colombianos. Por eso, cuando Petro insiste en que no debe financiarse con recursos nacionales, no solo está emitiendo un mensaje técnico, sino político: le habla al país sobre el costo de mantener beneficios generalizados y sobre quién debe asumir la factura. El problema, sin embargo, es que la corrección fiscal suele chocar de frente con el malestar social.

En el fondo, la controversia revela algo más profundo que una disputa entre gobiernos: Colombia sigue atrapada entre la necesidad de ordenar sus cuentas y la dificultad de desmontar subsidios que, aunque populares, resultan cada vez más caros. Petro apuesta por dejar instalada la idea de que recibió un país fiscalmente comprometido y que su gobierno está haciendo el trabajo impopular de ajuste. Pero la verdadera prueba no estará en la explicación política, sino en si esa estrategia logra estabilizar las finanzas sin agravar el golpe sobre los hogares y sin deteriorar aún más la confianza en la economía.

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