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Kushner reaparece en la crisis de Gaza y presiona una salida que choca con Netanyahu

Hace 2 horas

Jared Kushner, yerno de Donald Trump, se movió en silencio entre Egipto e Israel en una nueva ronda de contactos sobre Gaza. Su visita revela que Washington sigue buscando una salida política mientras Netanyahu resiste retirar sus tropas.

La diplomacia sobre Gaza volvió a entrar en una fase de movimientos discretos y alto riesgo político. Jared Kushner, yerno de Donald Trump y uno de los nombres más influyentes en la política de Medio Oriente durante la anterior administración republicana, viajó este domingo a Egipto en una visita que no había sido anunciada y sostuvo allí un encuentro con el presidente Abdel Fattah al Sisi, en el marco de los esfuerzos por reactivar un plan de paz para el enclave palestino.

De acuerdo con la información divulgada por clarin colombia, Kushner continuará luego su agenda en Israel, donde prevé reunirse con Benjamín Netanyahu, un dato que pone en evidencia el principal obstáculo de esta nueva ofensiva diplomática: el primer ministro israelí se mantiene firme en su negativa a retirar las tropas de Gaza. Esa postura complica cualquier fórmula de alto el fuego duradero o de transición política en el territorio, que sigue devastado por la guerra y bajo una presión internacional creciente para definir un posconflicto.

El regreso de Kushner a este tablero no es menor. Durante el primer mandato de Trump, fue una pieza clave en la arquitectura de los llamados Acuerdos de Abraham, que normalizaron relaciones entre Israel y varios países árabes, y su presencia hoy sugiere que el entorno de Trump busca recuperar influencia directa en una crisis que sigue reconfigurando la seguridad regional. Egipto, por su parte, vuelve a aparecer como mediador imprescindible: controla uno de los accesos más sensibles a Gaza, mantiene canales abiertos con Hamas y con Israel, y suele ser el interlocutor que la comunidad internacional usa cuando las conversaciones formales se agotan o se vuelven políticamente inviables.

Lo que está en juego no es solo un cese de hostilidades, sino el tipo de arquitectura política que podría seguirle a la guerra. Si Netanyahu insiste en mantener presencia militar en Gaza, cualquier negociación con Hamas o con actores árabes moderados enfrenta una contradicción de base: nadie quiere aparecer avalando una ocupación indefinida, pero tampoco existe todavía una fórmula aceptable para evitar un vacío de poder que beneficie a grupos armados. En ese intermedio se mueve la diplomacia actual, entre gestos de apertura y límites muy claros. Para la población civil, la falta de un acuerdo concreto significa más incertidumbre, más desplazamiento y menos señales de que la guerra esté cerca de cerrarse con una solución estable.

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