Política

De la Espriella y Cepeda llegan a la recta final con modelos de país en choque

Hace 22 horas

La campaña presidencial entró en su fase decisiva con los planes de gobierno finales de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, de cara a la segunda vuelta del 21 de junio. El contraste ya no es solo político: es una disputa sobre qué Estado quiere Colombia y cómo piensa gobernarse.

La contienda por la Casa de Nariño dio un giro definitivo con la presentación de los planes de gobierno finales de Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda, una radiografía programática que, según informó El Tiempo - Política, deja al descubierto dos modelos de país difícilmente compatibles. A menos de una semana de la segunda vuelta del 21 de junio, la campaña dejó de girar únicamente alrededor de los liderazgos personales y entró en el terreno donde realmente se mide a un candidato: qué promete hacer, con qué prioridades y bajo qué idea de poder.

Tema por tema, la oferta de ambos aspirantes funciona como una hoja de ruta para entender hacia dónde quieren mover al Estado. De la Espriella se presenta como la carta de un orden más rígido, con énfasis en la autoridad, la disciplina institucional y una relación más dura con los factores que alimentan la inseguridad y la sensación de descontrol. Cepeda, en cambio, ha construido su propuesta sobre una agenda más orientada a reformas, derechos y fortalecimiento de la presencia pública en los territorios, con la idea de que el país no se resuelve únicamente con mano firme, sino con cambios estructurales. En ese choque no solo se disputa la Presidencia: se enfrentan dos lecturas sobre qué está fallando en Colombia y cuál debe ser la primera respuesta del próximo gobierno.

Esa diferencia importa porque la segunda vuelta suele reducir la conversación pública a adhesiones emocionales, pero el votante termina enfrentándose a preguntas muy concretas: cómo bajar la violencia, cómo sostener el empleo, cómo mover la economía sin ahogar a las familias ni al sector productivo, cómo recuperar confianza institucional y cómo evitar que las promesas se queden en propaganda. En un país donde la distancia entre el discurso de campaña y la capacidad de ejecución suele ser enorme, el valor de los planes definitivos está en revelar si hay un programa viable o solo una narrativa de triunfo. Además, el resultado del 21 de junio no solo definirá quién gobierna, sino con qué alianzas, con qué margen en el Congreso y con qué capacidad real de traducir prioridades en decisiones públicas que afecten la vida cotidiana de millones de colombianos.

Por eso esta etapa final pesa más de lo que parece. En elecciones polarizadas, muchos ciudadanos votan contra algo antes que a favor de algo, pero la presión de la segunda vuelta obliga a que las campañas enseñen sus cartas sin maquillaje. El país llega a esa decisión con cansancio acumulado, desconfianza y urgencias sociales que no admiten más aplazamientos. Lo que se ponga sobre la mesa en estas últimas horas no es solo un programa: es la promesa de gobernabilidad que cada candidato le ofrece a una nación que ya no compra discursos fáciles y exige resultados desde el primer día.

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