De La Espriella enfrenta rezago presupuestal en Transporte, Presidencia y Ciencia
Imagen: El Tiempo - Política
El arranque del gobierno de Abelardo De La Espriella queda marcado por una herencia incómoda: la baja ejecución presupuestal dejó rezagados a Transporte, Presidencia y Ciencia. Mientras tanto, el Congreso avanza a mejor ritmo, una señal que refleja prioridades y capacidades muy distintas dentro del Estado.
El nuevo gobierno de Abelardo De La Espriella recibe una de las cargas más difíciles de corregir en el corto plazo: la baja ejecución presupuestal que dejó la administración de Gustavo Petro. Según informó El Tiempo - Política, los sectores de Transporte, Presidencia y Ciencia son hoy los más rezagados en el uso de los recursos asignados, mientras que el Congreso aparece como la entidad con mejor ritmo de ejecución. El dato no es menor: en la práctica, revela que buena parte del problema no es solo de caja, sino de gestión, planeación y capacidad institucional para convertir el presupuesto en obras, programas y resultados visibles.
La ejecución presupuestal es uno de esos termómetros técnicos que terminan teniendo efectos muy concretos en la vida cotidiana. Cuando un ministerio no gasta lo aprobado por el Congreso, las consecuencias se sienten en carreteras que no avanzan, proyectos científicos que se demoran, contratos que se frenan y promesas que se quedan en el papel. En el caso de Transporte, el rezago golpea la infraestructura y la competitividad; en Presidencia, evidencia dificultades en la coordinación del aparato central del Estado; y en Ciencia, pone presión sobre un sector que históricamente ha tenido recursos limitados y grandes expectativas.
El contraste con el Congreso es revelador. Que una rama del poder público marche a mejor ritmo que sectores estratégicos del Ejecutivo sugiere que el problema no está distribuido de forma homogénea. Algunas entidades han logrado tramitar, comprometer y ejecutar recursos con mayor disciplina administrativa, mientras otras arrastran trámites lentos, subejecución o problemas de contratación. Para De La Espriella, el reto no será solo acelerar el gasto, sino hacerlo sin sacrificar control ni calidad, porque una ejecución apresurada al final del año suele traducirse en compras débiles, obras mal planeadas o recursos usados con afán para evitar que se pierdan.
Más allá de la cifra, el asunto tiene una lectura política de fondo: el nuevo gobierno tendrá que decidir si corrige el problema con ajustes técnicos puntuales o con una cirugía más profunda sobre la forma en que el Estado formula, aprueba y ejecuta su presupuesto. En un país donde el presupuesto suele ser una promesa política antes que una herramienta de transformación, la verdadera prueba para De La Espriella será demostrar que puede pasar del diagnóstico a la acción. Si no lo consigue, la baja ejecución dejará de ser un saldo heredado y se convertirá en una factura propia.




