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El ex canciller húngaro que impulsó a BYD en Europa ahora entra a la empresa china

Hace 5 horas

Péter Szijjártó, ex canciller de Hungría, dio un salto que reaviva las sospechas sobre la cercanía entre el poder político y la expansión china en Europa. El político dejó el Parlamento para integrarse a BYD, justo cuando la empresa arranca su primera planta europea en Szeged.

La llegada de Péter Szijjártó a la estructura directiva de BYD ha encendido la polémica en Hungría y más allá de sus fronteras. El ex canciller húngaro, una figura clave en la apertura de puertas para la expansión del fabricante chino en Europa, dejó este miércoles el Parlamento para ocupar un cargo ejecutivo en la compañía, en un movimiento que pone bajo la lupa la delgada línea entre influencia política, negocios y estrategia industrial en la región.

Según informó Infobae Mundo, el nombramiento se produce en un momento especialmente sensible: la primera fábrica de BYD en territorio europeo, ubicada en Szeged, comenzará a producir este año. No es un dato menor. Hungría se ha convertido en uno de los principales puntos de entrada de capital chino en la Unión Europea, impulsada por el gobierno de Viktor Orbán, que ha apostado por atraer inversión asiática como una vía para reforzar su economía y desafiar el peso de Bruselas. En ese tablero, Szijjártó no era un actor secundario, sino uno de los operadores políticos que ayudó a allanar el terreno.

El caso importa por varias razones. Primero, porque vuelve a mostrar cómo China avanza en sectores estratégicos europeos no solo con fábricas y empleo, sino también con vínculos políticos de alto nivel. Segundo, porque alimenta las dudas sobre posibles conflictos de interés y sobre el costo institucional que puede tener para un país transferir peso político a empresas extranjeras después de haber facilitado su aterrizaje. Y tercero, porque la planta de Szeged no es una inversión cualquiera: forma parte de la ofensiva de BYD para competir de frente con los fabricantes tradicionales de autos eléctricos en un mercado cada vez más disputado. Para Hungría, el proyecto promete inversión y puestos de trabajo; para sus críticos, representa una nueva señal de dependencia económica y una concesión demasiado generosa a Pekín.

La polémica también tiene una lectura geopolítica. Europa sigue intentando definir cómo relacionarse con China en medio de la competencia tecnológica, la transición energética y la presión comercial. Que un ex alto funcionario que ayudó a abrirle camino a una multinacional china termine dentro de esa misma empresa no solo levanta sospechas políticas: también envía un mensaje incómodo sobre la permeabilidad de ciertas élites europeas frente al poder económico de Pekín. En un continente que dice querer autonomía industrial, el episodio de Hungría muestra que la batalla por el control del futuro verde y automotor se libra tanto en los despachos como en las plantas de producción.

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