Estados Unidos

La comunidad judía en Estados Unidos gasta mil millones de dólares por seguridad

Hace 3 horas

La comunidad judía en Estados Unidos destina ya cerca de 1.000 millones de dólares al año a seguridad por el aumento del antisemitismo. El salto en agresiones y amenazas, impulsado tras el 7 de octubre, también enciende alertas en otros países de la región.

El aumento del antisemitismo en Estados Unidos obligó a la colectividad judía a elevar de forma drástica su gasto en seguridad, hasta llegar a unos 1.000 millones de dólares anuales, según reveló un recorrido de Clarín por distintas instituciones de esa comunidad en el marco de un seminario organizado por el Departamento de Estado. El dato refleja una transformación de fondo: escuelas, sinagogas, centros comunitarios y espacios culturales ya no operan solo con protocolos básicos, sino con sistemas cada vez más sofisticados de vigilancia, patrullaje cibernético y tecnología antidrones.

De acuerdo con la información recopilada por Clarín Colombia, desde el ataque de Hamas del 7 de octubre contra Israel y la posterior guerra en Gaza, las expresiones hostiles y los ataques antisemitas crecieron entre 30% y 50%. Ese incremento no se traduce únicamente en insultos o amenazas en redes sociales; también se expresa en una mayor necesidad de control de accesos, monitoreo digital, personal de seguridad y coordinación permanente con autoridades locales y federales. En la práctica, la comunidad paga el costo de vivir en alerta permanente.

Lo que ocurre en Estados Unidos importa más allá de sus fronteras porque suele marcar tendencias en materia de seguridad comunitaria, extremismo y respuesta institucional. El antisemitismo, además, no aparece aislado: se alimenta de la polarización política, de la circulación acelerada de discursos de odio en internet y del clima global que dejó la guerra en Medio Oriente. En ese escenario, la experiencia estadounidense funciona como advertencia para otros países de la región, incluida Argentina, donde el impacto puede proyectarse si la tensión internacional sigue escalando y las comunidades quedan expuestas a una normalización del odio.

La magnitud del gasto también revela un problema de fondo para una sociedad que presume de pluralismo, pero que hoy obliga a una parte de sus ciudadanos a invertir cifras millonarias para garantizar algo tan básico como poder reunirse, estudiar o rezar sin temor. La seguridad dejó de ser un complemento y pasó a ser una condición de existencia para una comunidad que, como tantas otras, mide ahora su vida cotidiana en función de riesgos que antes no tenían esta escala.

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