Manizales restringirá el uso de celulares en colegios tras el golpe de las pruebas Pisa
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Manizales reglamentará la restricción del uso de celulares en los colegios, incluso durante el descanso, tras la polémica por los resultados de las pruebas Pisa. La medida empezará a aplicarse en 2027, luego de ajustar los manuales de convivencia durante el resto de 2026.
Manizales decidió dar un giro en el debate sobre el uso de celulares en las aulas: la ciudad reglamentará su restricción en los colegios, incluso durante los descansos, en respuesta al deterioro que reflejan los resultados educativos y al impacto que estos dispositivos pueden tener en la atención de los estudiantes. La medida, que busca ordenar una discusión que llevaba años abierta en las instituciones educativas, entrará en una fase de ajuste durante lo que resta de 2026 para que su aplicación comience formalmente en 2027.
Según informó El Tiempo (Colombia), el decreto expedido por la administración local establece que los planteles deberán adaptar sus manuales de convivencia para incorporar las nuevas reglas sobre el uso de celulares. No se trata únicamente de limitar su presencia en clase, sino de extender la restricción a los espacios de recreo, una decisión que marca una diferencia frente a otros modelos más flexibles. El objetivo es claro: reducir distracciones, proteger los tiempos pedagógicos y empujar una cultura escolar en la que el aprendizaje tenga prioridad sobre la pantalla.
La discusión no surge en el vacío. En Colombia, y en buena parte de América Latina, las autoridades educativas han empezado a mirar con más atención el peso de la dispersión digital en los salones de clase, sobre todo después de los resultados que dejaron las pruebas Pisa, que volvieron a exhibir las brechas de desempeño y comprensión lectora. Manizales, una ciudad que suele ubicarse en el radar nacional por sus indicadores educativos, asume ahora una postura más estricta que puede convertirse en referencia para otros municipios que buscan frenar el uso descontrolado del celular sin chocar de frente con la autonomía escolar. El reto, sin embargo, no será solo normativo: dependerá de cómo se implemente, de la capacidad de los rectores para hacerla cumplir y de si las familias acompañan la medida en vez de verla como una imposición más.
En el fondo, esta decisión revela algo más profundo que una simple pelea por teléfonos en el aula. Habla de una escuela que intenta recuperar terreno frente a hábitos tecnológicos que compiten con la concentración, la convivencia y el tiempo compartido. Si la reglamentación logra aterrizarse con criterio, podría abrir una conversación nacional sobre el equilibrio entre tecnología y aprendizaje. Si fracasa, quedará como otra norma bien intencionada pero débil frente a la realidad cotidiana de los colegios.


