Estados Unidos

Lizzie Borden: el crimen que Estados Unidos no ha dejado de interrogar por 130 años

Hace 6 horas
Lizzie Borden: el crimen que Estados Unidos no ha dejado de interrogar por 130 años

Imagen: BBC Mundo

Más de 130 años después, el doble asesinato de los padres de Lizzie Borden sigue alimentando libros, películas y teorías en Estados Unidos. La absolución de Borden no apagó la sospecha: convirtió el caso en un símbolo de cómo un juicio puede resolver lo legal sin cerrar lo histórico.

En junio de 1892, Lizzie Borden fue llevada a juicio por el asesinato de su padre y su madrastra en Massachusetts, y terminó absuelta. Pero la sentencia no cerró el caso: lo convirtió en uno de los enigmas criminales más persistentes de Estados Unidos, un expediente que más de un siglo después sigue vivo en novelas, películas y ahora en una nueva producción de Netflix.

La razón de esa permanencia no es solo la brutalidad del crimen, sino la combinación de factores que rara vez se alinean con tanta fuerza: una familia acomodada, una mujer joven señalada por un doble homicidio, pruebas circunstanciales y una sociedad victoriana incapaz de procesar con facilidad la idea de que una hija pudiera ser la autora de un asesinato tan atroz. Según el relato que recoge BBC Mundo, el juicio exculpó a Borden, pero no logró borrar las sospechas ni resolver las contradicciones que rodearon la investigación.

Ese vacío es precisamente lo que mantiene el caso en circulación. En Estados Unidos, los grandes misterios criminales no sobreviven solo por el morbo: perduran porque funcionan como espejo de sus épocas. El de Lizzie Borden habla de clase social, de género, de la forma en que operaban la policía y los tribunales a fines del siglo XIX, y también de la fascinación cultural por una historia donde la verdad judicial y la verdad pública no coincidieron nunca. Por eso cada nueva adaptación reabre la misma pregunta: ¿fue una mujer injustamente perseguida o una asesina que logró escapar del castigo?

Más de 130 años después, el caso sigue siendo rentable para la industria del entretenimiento y útil para los historiadores, pero también incómodo para una sociedad que todavía se debate entre el derecho, el prejuicio y el deseo de una respuesta definitiva. Y quizá ahí radica su fuerza: no en lo que se sabe, sino en lo que nunca pudo probarse del todo.

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