Shakira vuelve al centro de la polémica por su papel en la banda sonora del Mundial 2026
Imagen: infobae colombia
La elección de Shakira para la banda sonora del Mundial 2026 abrió una nueva polémica en México: el presentador José Ramón Llaca cuestionó que la colombiana siga siendo imagen recurrente del torneo. Su crítica reaviva el debate sobre el peso comercial y simbólico de la cantante en los grandes eventos FIFA.
La presencia de Shakira en la órbita del Mundial 2026 volvió a encender una discusión que mezcla música, marketing y fútbol. Esta vez, el presentador mexicano José Ramón Llaca lanzó críticas contra la colombiana por haber sido elegida para integrar la banda sonora oficial del torneo con su sencillo ‘Dai Dai’, y pidió que no continúe siendo presentada como una artista asociada a las citas mundialistas. Su comentario no solo apuntó a la cantante, sino al criterio con el que la FIFA sigue apostando por figuras ya instaladas como rostro global del evento.
De acuerdo con la información difundida por Infobae Colombia, Llaca cuestionó que Shakira haya sido seleccionada después de haber aparecido en la inauguración y la clausura de anteriores competencias, sugiriendo que existen voces con mayor capacidad vocal que también podrían ocupar ese lugar. El comentario, aunque surgido desde el terreno del espectáculo, encontró eco porque toca una fibra sensible en la conversación pública: la repetición de nombres globales en eventos que dicen querer representar diversidad, renovación y alcance planetario.
El fondo del asunto va más allá de una disputa de gustos. Shakira no solo es una estrella de la música latina, sino una de las figuras más rentables y reconocibles para la industria del entretenimiento deportivo. Su presencia garantiza visibilidad internacional, conversación digital y recordación de marca, tres activos que FIFA conoce bien y explota con precisión. Pero esa misma lógica también alimenta críticas: mientras unos ven un acierto comercial, otros interpretan que se cierran espacios para nuevos artistas y que el Mundial termina orbitando alrededor de los mismos íconos de siempre. En países como México y Colombia, donde el fútbol es casi religión y la cultura popular pesa tanto como el resultado en la cancha, estas decisiones no pasan inadvertidas.
La polémica también deja ver cómo el Mundial dejó de ser solo un torneo para convertirse en una plataforma de narrativa global. Hoy no basta con vender goles: también se vende imagen, música, identidad y espectáculo. Por eso, cada elección artística termina siendo leída como una declaración de poder cultural. En ese tablero, Shakira sigue moviendo más que expectativas: sigue provocando debates sobre quién merece representar el evento más visto del planeta y por qué, una vez más, la discusión gira en torno a su nombre.




