Presidencia defiende visita de Petro a Tolú, pero la pista sigue sin terminar
Imagen: El Tiempo - Política
La Presidencia defendió la visita de Gustavo Petro a Tolú y aseguró que su única actividad prevista era probar la nueva pista del aeropuerto. Pero la polémica creció porque la obra aún no está terminada y apenas avanza en 84,75 por ciento.
La Presidencia salió a aclarar que la agenda de Gustavo Petro en Tolú no incluía actos políticos ni actividades distintas a una prueba de la nueva pista del aeropuerto, en medio de cuestionamientos por su presencia en una obra que todavía no ha sido entregada. La explicación busca frenar una controversia que se encendió justo porque el proyecto sigue inconcluso, con un avance reportado de 84,75 por ciento, una cifra que para sus críticos confirma los retrasos que han marcado la ejecución.
Según informó El Tiempo - Política, el Gobierno insiste en que el propósito del desplazamiento presidencial era verificar el funcionamiento de la pista recién intervenida, en un punto clave para la conectividad aérea del Golfo de Morrosquillo. Sin embargo, el dato del porcentaje de ejecución cambió el tono del debate: en vez de destacar el cierre de una obra estratégica, la discusión volvió a centrarse en por qué un proyecto de infraestructura que se presenta como prioridad nacional sigue sin culminar. Esa diferencia no es menor, porque en Colombia cada retraso en una obra pública suele traducirse en sobrecostos, frustración regional y desgaste político.
Este episodio encaja en un problema más amplio que Petro heredó y también ha terminado por capitalizar: la expectativa sobre la infraestructura en regiones históricamente rezagadas, frente a una maquinaria estatal que avanza más lento de lo que promete. Tolú y el Golfo de Morrosquillo han sido presentados en varios gobiernos como destinos con potencial turístico y logístico, pero la falta de obras oportunas ha impedido que ese potencial se convierta en desarrollo real. Por eso, una pista de aeropuerto no es solo una superficie de concreto; es una apuesta por mover comercio, turismo y empleo. Cuando esa apuesta se retrasa, el impacto se siente en hoteles, transporte, pequeños negocios y en una región que sigue esperando resultados tangibles.
La controversia también deja una pregunta política de fondo: si la presencia presidencial en una obra inconclusa ayuda a mostrar gestión o, por el contrario, expone la distancia entre los anuncios del Gobierno y la realidad de los proyectos. En un país cansado de inauguraciones parciales y cronogramas incumplidos, cada visita oficial a una infraestructura en ejecución termina siendo evaluada no por el gesto, sino por la evidencia. Y en este caso, la evidencia sigue diciendo que la pista está cerca, pero aún no lista.



