De La Espriella lanza plan de choque en salud y promete control total de recursos
Imagen: El Tiempo - Política
El presidente Abelardo De La Espriella anunció un plan de choque para el sistema de salud y dijo que impulsará la compra de cartera a través de la Adres, con seguimiento “paciente por paciente”. La apuesta busca destrabar el acceso, pero también abre la puerta a una vigilancia más estricta sobre el uso de los recursos.
El presidente Abelardo De La Espriella puso sobre la mesa un plan de choque para intervenir las fallas más visibles del sistema de salud, con una apuesta central: usar la Adres como canal para comprar cartera y hacer seguimiento caso por caso a los pacientes. El anuncio llega en un momento en que el acceso sigue siendo uno de los mayores puntos de tensión para los usuarios, atrapados entre autorizaciones tardías, demoras en tratamientos y barreras administrativas que terminan convirtiendo una atención oportuna en una carrera de obstáculos.
Según informó El Tiempo - Política, el mandatario cuestionó de frente esas barreras de acceso y advirtió que los recursos públicos destinados a la atención en salud tendrán una vigilancia mucho más estricta para evitar que se pierdan en el camino. La idea de la compra de cartera no es menor: implica mover liquidez para aliviar deudas acumuladas en el sistema y, al mismo tiempo, intentar que la operación de hospitales, clínicas y prestadores no siga asfixiada por cuentas pendientes. Pero el mensaje político de fondo es aún más claro: si se ponen más recursos, habrá también más control.
Ese equilibrio entre inyección de dinero y supervisión será, en realidad, la prueba de fuego de cualquier intervención sobre el sistema. En Colombia, la discusión sobre salud rara vez se limita a cifras; toca directamente la vida cotidiana de millones de personas que dependen de una autorización, una cita o un medicamento para no empeorar. Por eso, el anuncio de un seguimiento “paciente por paciente” suena tanto a promesa de orden como a advertencia de auditoría. Si se ejecuta bien, podría ayudar a destrabar rutas de atención y a poner presión sobre intermediarios y operadores ineficientes. Si se queda en retórica, el resultado será más frustración en un sector que ya opera al límite.
Lo que viene ahora no solo será una prueba para la capacidad administrativa del Gobierno, sino también para su voluntad política de enfrentar intereses enquistados en la cadena de pagos del sistema. En salud, la diferencia entre una reforma útil y otra que se queda en el papel suele estar en la ejecución: quién vigila, quién responde y, sobre todo, quién asume el costo de corregir un modelo que para muchos usuarios ya dejó de funcionar como garantía de atención y empezó a operar como una barrera más.




